Exorcismo de Estado

La democracia moderna exige personajes políticos al nivel de poder dirigir un país. Si por esto entendemos el sentir popular y el engranaje en que la historia niega su pasado; las grandes emancipaciones del conocimiento teorético afirman lo que en la práctica se han visto constreñidos por una idea vaga y simplista de la realidad como forma política: el ideario del endiosamiento político, es decir, la idea de la única forma política digna. Aquí cabe recordar que todo extremismo en esencia contribuye a la «Ceguera moral» y al rechazo de toda forma de modernización de Estado.

Nuestra búsqueda —siempre con las contradicciones que el tribunal de la Historia devela— debe girar entorno al crecimiento étnico-cultural y al rechazo del sentido europeizante que la conquista quiso imponer y de los cuales en la América mestiza quedan aún signos homogéneos. Aunque nos digan que somos un accidente mestizo, Guatemala surge de una gruta, de entre los escombros de pluralidades muertas.

Bobbio dice que en la doctrina del Estado absoluto un tema recurrente son los arcana imperii [secretos del poder]. Si lo dicho encaja en el Estado moderno donde la democracia se exige como bien supremo, en nada se aleja la perspectiva absolutista del régimen interno de los Estados.

Guatemala, como muchos países del istmo, tiene la mala racha de ser siempre el país de la eterna decadencia.  Ya sea por el encuentro colonizador-colonizado o por el sentido violento que emerge de las venas del guatemalteco. Todo ser en esencia busca su autonomía, pero en política la autonomía exige el desprecio a los otros: el margen de la individualidad.

En este momento crudo y decisivo —como ocurre cada cuatro años— es necesario emitir un voto consciente, que ayude a dignificar un verdadero Estado democrático. No con la idea insoslayable de ser el único partido político salvador de la democracia, sino con la idea de triturar la invisibilidad, el secretismo político: «exorcizar al Estado». Esto con la ayuda de las pluralidades dispersas y con la fiscalización social que la teoría democrática revela.

Cada quien tiene su propia verdad en la medida en que cree en ella. Pero todo absolutismo o extremismo conlleva la idea de una falsedad. La dogmatización de las ideas contribuye al retroceso y a la mudez inmutable. Si la idea es votar por la dignidad que se traduce en la búsqueda de los otros no en el desprecio sino en su desarrollo, se debe buscar la vigencia de un partido que reúna la calidad moral. Es decir, no por los mismos de siempre que levantan la bandera de la libertad y en el fondo esconden el cuchillo del desprecio; sino en aquellos que ahora han decidido participar y formular cambios donde se identifica a los más. El voto debe ser por la pluralidad, no por la individualidad y empezar a derribar la plutocracia que muestra la partidocracia corrupta.

Más temprano que tarde, la justicia llegará, Guatemala será lo que siempre hemos reclamado: Una patria para todos. Diría Manuel Villacorta en Fusiles, racismo y protesta: la historia política de Guatemala. Seguro esa justicia será aquella que pensaba Kelsen: la justicia de la paz, de la democracia, de la libertad y de la tolerancia.

¡La democracia y la dignidad debe ser nuestra bandera!

cintillo de opinión

 

 

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