A los candidatos a Diputado —Reflexiones sobre la actividad de legislar y literatura-

Recuerdo con premura aquellos textos de secundaria, que por decisión los tomaba como quien ve en las trincheras a las juventudes apoltronadas en cantinas: diariamente —y algunos amigos que gustan acumular silencios en esos derroches de vagas satisfacciones. Quizás sea porque se cumple aquel designio bien pensado por Asturias: “En Guatemala solo se puede vivir borracho o loco”

Era la novela de Virgilio Rodríguez Macal, Jinayá. Novela que recuerdo con énfasis no solo por su encuentro con la naturaleza sino por el vívido recuento esquematizado de indígenas sometidos a formas inhumanas de trato. Evidenciando una actitud de desprecio. Esto sin entrar de lleno a la discusión de otras imágenes que circundan en el desarrollo de la novela criollista. Para evidenciar lo expuesto cito un momento donde don Claudio indica: “hubo muchos alemanes extorsionistas y casas alemanas explotadoras”.

Con determinación se ha sostenido que Macal hace una escogencia localista como representación generalizadora. Es decir, ese encuentro amenazante de la explotación no solo provenía de los alemanes y no solo se veía en las tierras q’eqchí’s. Como muchas novelas, trata de reivindicar la interculturalidad de la que tanto se habla y se carece al mismo tiempo.

En estos momentos que se reproducen como gotas de lluvia en el desierto Sahara. Muchos candidatos a diputados, vetustos amigos de quienes como persona puedo dar certeza humana, quizá no en el ejercicio de su actividad política.

Conviene recordar, que la multiculturalidad en la que estamos envueltos es la misma retratada por el criollismo y también por nuestro Nobel de literatura de quien la memoria lo ha arrinconado a un lugar sombrío. Esto sin excluir a los prominentes escritores de la segunda mitad del siglo XX y que este siglo [XXI] carece.

La tarea es por la democracia. Por la interculturalidad o como diría Mario Roberto Morales La articulación de las diferencias. Lo exige el indígena, el campesino, el obrero, el acostumbrado salario mínimo que de tanto ser mínimo terminó por no alcanzar. Si los niños exigen educación y los explotados suelos de las áreas verdes [Petén] exigen libertad, como también lo exige el humano de las cercanías terrestres inversamente destinadas al olvido, la soledad y el silencio —las periferias marginadas.

Ojalá que como se acude tanto, en este momento de elecciones, a la ingenua ilusión de los marginados, así también sean las herramientas para liberarlos del sometimiento indeleble de la soledad.

Hoy nos corresponde hacer democracia.cintillo de opinión

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