El signo y su equivalencia

Por: Freddy Poroj

El lenguaje es un mecanismo para deslindar la forma por la cual se expresan los signos con el propósito de transferir algún mensaje que va enmarcado en un sistema de significación, lo que llamaría Eco (1990) “Equivalencias arbitrarias”. Y es que determinar los límites entre emisor y receptor no puede ser tan obtuso porque el código es el ente generador de pensamientos que permiten las divisiones sintagmáticas y paradigmáticas, vea (https://elsancarlistau.com/2018/04/09/la-linealidad-del-signo-y-las-relaciones-sintagmaticas-y-paradigmaticas/). Incluso por categorías de la diversidad sígnica natural y artificial. Resulta lógico que los seres humanos aprenden primero a utilizar y combinar palabras que entender qué significa “palabra”, y mucho menos percibirlas como signos.

En este sentido, Casetti (1980) lo plantea como una función semiótica, ya que “Cuando un código asocia los elementos de un sistema transmisor con los elementos de un sistema transmitido, el primero se convierte en la EXPRESIÓN del segundo, el cual, a su vez, se convierte en el CONTENIDO del primero.” (329). Quiere decir que cuando la expresión y el contenido logran mantener alguna especie de equivalencia que los une y los mantiene en correlación, ambos se cristalizan en funtivos o bien entidades de correlación para desempeñar el acto lingüístico. Recuerde usted que los dos términos arriba descritos, son los sinónimos de los elementos del signo “significante y significado”, respectivamente; y que también dicha relación es arbitraria. Le comparto el enlace del artículo “La Lingüística Particular y su relación con lo mutable e inmutable”, para profundizar con relación a esto último (https://elsancarlistau.com/2018/03/12/la-linguistica-particular-y-su-relacion-con-lo-mutable-e-inmutable/), y comprender lo que una equivalencia puede lograr con uno de los principios del signo propuesto por Saussure.

Es por eso que se plantea al lenguaje como acción, y esto porque a través de conversaciones se crean no solo realidades sino también posibilidades, porque se establece la función de la comunicación necesaria para dar soluciones, generar o evitar problemas, y con respecto a esto se toman decisiones precisas, entre otras cosas más. En otras palabras, lo que se quiere explicar es el resultado del uso de los signos subordinados por la arbitrariedad; y a partir de ahí el impacto definitivo sobre la realidad para poder entender desde qué punto se puede estudiar el lenguaje para manifestar la acción que establece la praxis social.

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Para poder racionalizar la actividad del lenguaje, entra en juego la semiología, la cual integrará el resto de datos equivalentes al contexto actancial construido por la lengua. De ahí la argumentación ubicada en esta última y no en el discurso porque los actos del lenguaje, como se expresa en las primeras líneas de este artículo, son portadores, en sí mismos de una fuerza de acción con orientación pragmática. García (2006), apunta que sabemos que existen objetos y cosas, las cuales están ahí; es decir, que las hay estemos o no; asimismo sabemos que cada una de estas tiene su ser, esencia y naturaleza.

En cuanto a naturaleza se refiere a que las cosas que existen se rigen por leyes, las cuales solamente se podrán aplicar sumergidos en los sistemas de significación que envían impresiones equivalentes a nuestros términos asociados y unidos en la mente. “El ocuparnos con las cosas es lo que les confiere el carácter de cosas; porque llamamos precisamente cosas al término inmediato de nuestra acción.” (García, 2006: 415). ¿Qué quiere decir esto? Que dichas “cosas”, son los significantes del signo estudiado por la semiótica, ya que no se refiere solamente a palabras. Es decir, cuando se logra una percepción es porque anteriormente hubo una impresión, empíricamente hablando, asociada a conceptos variados para generar sensaciones, emociones y sentimientos equivalentes a nuestros pensamientos. Todo esto conlleva a considerar que el sentido como resultado del acto del lenguaje, depende de los datos de su configuración lingüística, así como de aquellos que son exteriores a éste.

Fuentes: 

  • Casetti, Francesco (1980). INTRODUCCIÓN A LA SEMIÓTICA. Editorial Fontanella, S. A. Barcelona.
  • Eco, Umberto (1990). Semiótica y Filosofía del Lenguaje. Editorial Lumen, S. A. Barcelona, España.
  • García, Manuel (2006). Lecciones preliminares de filosofía. Distribuidora universal. I.S.J. Guatemala, C.A.

(Imágenes extraídas de: http://www.google.com)

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