Usos y abusos…

y por si es de los que abusan, con audífonos por-fa!

Vivimos en una época donde la tecnología en comunicación es rápida, plural y globalizada, en la cual los smartphones cobran protagonismo a cualquier lugar donde vayamos, y si no nos percatamos llegamos hacer uso de ellos, inclusive: hasta en la cama.

La vida en la oficina en muchas ocasiones resulta ser ruidosa; personas reunidas conversando, teclados furiosamente presionados, tertulias de todo tipo, el horno, la cafetera, el micro, y por si eso fuera poco agreguemos a la escena, gente hablando por teléfono, haciendo videoconferencias, o revisando sus redes sociales, chateando, posteando fotos,  respondiendo su mensajes de WhatsApp, y/o curioseando los videos que les comparten a través de sus celulares.

Realizar un uso adecuado y responsable de los dispositivos móviles depende en gran medida del “sentido común” de los usuarios, que muchas veces resulta ser, el menos común de todos los sentidos.

¿A quién no le ha pasado en más de una ocasión, ya sea en el trabajo, en el transporte público, en el centro comercial o en alguna institución, tener que escuchar conversaciones ajenas?

¿Quién no ha tenido que soportar escuchar música, audios o videos (de todo tipo) a todo volumen de terceras personas que no usan audífonos?

Una respuesta lógica, consecuente y razonable a las anteriores situaciones apelaría a que cada usuario debería tener presente, el entorno en que se encuentra y darse cuenta qué, de manera directa e indirecta afecta las labores tanto de la persona con quien se comunica, así como las que se encuentran dentro del contexto donde se produce la acción comunicacional.


Si bien es cierto, el uso de equipos móviles se ha convertido en una herramienta imprescindible de información y trabajo, debemos tener en cuenta que cada vez que los utilicemos estamos interrumpiendo la vida y las actividades de terceras personas, distrayéndolos de sus prioridades inmediatas. Y no debemos permitir convertirnos en sujetos dependientes del celular.

Para que esta situación no suceda, debemos trazarnos conforme nuestros roles, vidas y necesidades “reglas y restricciones propias”, donde establezcamos un uso adecuado del teléfono. Evitando su uso no solamente en períodos obligados (mientras conducimos, en el cine, durante una cita, en la mesa, en reuniones de trabajo, entrevistas) donde existen protocolos -adecuados- minuciosamente establecidos, sino también creando un propio horario de uso conveniente.

De tal manera que, cuando se esté dentro del horario de trabajo, evitemos las llamadas personales y las actividades de ocio y juego que permiten estos dispositivos,  y nos dediquemos a lo que realmente nos compete, cumpliendo con nuestras atribuciones y a su vez no  ininterrumpir el trabajo de los demás.

Seamos conscientes y preguntémonos si estamos haciendo uso adecuado o abusando de la tecnología, los reto a usar audífonos hoy, y no el speaker del celular.

Recordemos: no todos poseemos la misma disponibilidad de tiempo, y no todos tenemos por qué enterarnos de los asuntos que cada cual trata por teléfono, cada uno tenemos diferentes gustos musicales, a todas las personas nos interesan diferentes asuntos sociales, políticos y religiosos.

Partamos de la frase de Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz” hagamos un uso prudente de nuestros dispositivos móviles y seamos agentes de cambio desde nuestros diferentes campos de acción.

Cintillo de Opinión

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