Cosas y conceptos

Por: Freddy Poroj

Al iniciar con el estudio de conceptos y definiciones, que no son lo mismo ya que el primero como hemos leído otrora, se refiere a una idea que se tiene de algo, mientras que el segundo término lo define; es decir, obedece a la descripción de un “significado” (vea el artículo: https://elsancarlistau.com/2018/05/07/definamos-al-significado/), a pesar que en lingüística el concepto pasa a ser significado del significante; y que este último puede ser también denominado “cosa” cuando no se tiene una visión clara de su existencia, de ahí que “…las cosas no nos envían ni la unidad, ni la pluralidad, ni la totalidad, ni la causa, lo que nos envían son impresiones.” (García, 2006:306). Quiere decir que es muy difícil que recibamos en absoluto la esencia de las cosas, porque si fueran las intuiciones las que se encargan de transmitir dichas categorías, no existiese conocimiento, menos una realidad.

Pero también existe una diferencia entre impresión e idea, según Hume se manifiesta en la intensidad, puesto que la primera es aquél contenido psíquico cuyas alteraciones abren paso a variadas percepciones eminentemente psíquicas, en este sentido son todas las emociones pero también pasiones; mientras que la idea será aquella imagen debilitada de las primeras, háblese de la connotación significativa. Esto implica que si los conceptos están condicionados por el conocimiento, serán entonces las cosas las que determinarán la posibilidad analítica de la condición objetiva. Tal y como lo planteaba en un artículo anterior en el cual explicaba que “los humanos hacemos uso de todos los conocimientos que vamos adquiriendo en nuestra vida con la finalidad de tomar, se supone, las mejores decisiones”; sugiero también la lectura del artículo (https://elsancarlistau.com/2017/12/25/impresiones-habitos-conductuales/), para contextualizar culturalmente el tema ya que, es el pragmatismo el encargado de realizar conexiones sígnicas en todo tipo de contexto para razonar y entender conceptualizaciones.

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Como puede notar, todo lo expuesto anteriormente conduce a una innovadora, si se quiere, teoría del significado, ya que para comprender a este como producto de las cosas, habrá que determinar para luego evaluar qué hábitos conductuales produce, porque “…para saber qué ideas tenemos en la mente es necesario poner en relación tales ideas con los efectos sensibles que seamos capaces de identificar en el mundo.” (Elizondo, 2012:41). Esto implica que se debe tener claro que una alucinación, como experiencia mental, puede invadir el conocimiento de cualquier persona, quien podría en su momento comportarse como si experimentara lo que está percibiendo independientemente de su realidad.

Tal y como plantea Arroyo y otros (2001), los medios como la televisión y en especial los videojuegos, han despertado instintos violentos en personas que sufren de algún desequilibrio, lo cual se conoce como “triggering” (traducido como efecto disparador). En la pantalla de ambos dispositivos, se crean realidades con variedad de cosas o bien objetos de la cotidianidad, las cuales ya tienen un concepto establecido socialmente y que en esa “realidad virtual” pueden modificarse o alterarse, según sea el caso, lo cual contribuye de alguna forma en el aumento de capacidades para tolerar situaciones que a la larga deshumanizan.

Con esto se puede inferir que las cosas (incluidas las imágenes), son utilizadas con el propósito de ejercer variadas formas de control social, haciendo que lo que se tiene como concepto vaya más allá de los parámetros establecidos y que las impresiones ya no sean meras ideas, sino aceptarlas como son.

Ante todas estas situaciones, no debe olvidarse que la vida es la existencia misma con proyección, como el ser para sí de Sartre y que se mantiene por medio de la seguridad del conocimiento de las cosas que están en constante variabilidad. García (2006) explica que “…hay en la vida una cantidad de variantes y de diversidades tan grande, que ningún concepto estático, quieto, ningún concepto ahistórico, antihistórico, será capaz de reproducirla.” (p.413). El devenir será entonces el que dará respuesta a los cambios que se producen a través del tiempo.

Fuentes:

  • Arroyo, Isidro; García, Francisco y Martínez, Juan (2001). Imágenes y cultura: del cerebro a la tecnología. EDICIONES DEL LABERINTO, S. L. Madrid, España.
  • Elizondo, Jesús (2012). SIGNO EN ACCIÓN. El origen común de la semiótica y el pragmatismo. Ediciones Culturales Paidós, S. A. México, D. F.
  • García, Manuel (2006). Lecciones preliminares de filosofía. Distribuidora universal. I.S.J. Guatemala, C.A.

(Imágenes extraídas de: http://www.google.com)

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