¿Moriremos en 2030?

Hace poco más de una década, hablar en los medios de comunicación sobre los efectos del Cambio Climático o Calentamiento Global, era cosa de locos, (para algunos igual lo sigue siendo), escuchar noticias sobre las catástrofes provocadas por los huracanes en Estados Unidos, parecía algo cotidiano y más de alguien se atrevía a decir que era parte de las maldiciones que les caen constantemente a los “Yankis”.

Y aunque la ubicación geográfica de la nación que una vez fue “La Tierra de Muchos Árboles” no está en línea directa con los países que son golpeados cada vez más seguido por los fenómenos naturales como tornados, huracanes, tormentas y depresiones tropicales, no quiere decir que nos quedemos tranquilos ante lo que por estos lares se experimenta.

Lamentablemente, poco o nada se hace para contrarrestar los efectos del cambio climático, con un Ministerio de Ambiente descalabrado (al menos con Sidney Samuels a la cabeza, había conocimiento sobre el tema), cuyo caballito de batalla son las Biobardas y un ministro que le preocupa más alabar a su jefe calificándolo como el “mejor presidente que este país ha tenido”, como decía mi abuelita, estamos amolados.

Un estudio reciente difundido por cnnespanol.cnn.com, nos recuerda que Guatemala sigue estando entre los “10 países de América más vulnerables al cambio climático”, de peor a mejor, nos ubican en el quinto lugar, superados en esa lamentable lista por Honduras, Bolivia, Guyana y Haití, del sexto al décimo lugar se ubican en su orden, Nicaragua, Belice, Venezuela, Cuba y Ecuador.

A pesar que la población en general cada vez toma conciencia sobre acciones que se pueden realizar para contribuir a contrarrestar los efectos del fenómeno en mención, lamentablemente vemos como sectores como la agroindustria siguen acabando con los pocos bosques que nos quedan, contaminan y se roban los ríos sin que nadie les ponga un alto, todo por su ambición desmedida de procurar lo que para ellos significa “desarrollo integral”.

De la palma africana, ni hablar, basta googlear al respecto para enterarnos como a lo largo de los últimos años han arrasado con grandes cantidades de bosque especialmente en la parte sur de Petén y en la boca costa de San Marcos. Uno de los casos lamentables más recientes que recordamos, fue la mortandad de peces en el río la pasión, en Sayaxché Petén.

Mientras el gobierno central y los locales nos dan “pan y circo” no me queda más que recordarle la siguiente frase: “O sembramos árboles, o nos lleva Putas”, o como la que escuché hace poco en uno de los pasillos de nuestra querida USAC, “tan chula la costa sur, con sus cañales (…) pero cuesta encontrar un pinche árbol con una sombrita para pasar el sol”.

Me resisto a pensar que, como lo indica una investigación de la Organización Mundial de la Salud sobre el tema, a partir de 2030 podrían registrarse en el mundo alrededor de 250 mil  muertes adicionales al año, por desnutrición, malaria, diarrea y el aumento de las temperaturas. “Es momento de hacer algo, paremos el calentamiento global”.

Cintillo de Opinión

 

 

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