“El lenguaje es la herramienta principal para transformar la sociedad”

Por: Cristian Velix

“En mi pueblo no había libros”, es el primer recuerdo de Carlos Augusto Velásquez acerca del ámbito literario. Una situación que es paradójica a la que vive en la actualidad, en la cual él es un escritor de textos didácticos, docente universitario y nuevo miembro numerario de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

Su historia inició en San Antonio Huista, Huehuetenango. Ahí, el académico recuerda vivir entre los árboles, en un ambiente natural, libre, espontáneo, un lugar que, en palabras del catedrático, estaba alejado de los adelantos tecnológicos.

Si bien era una zona tranquila, la represión sufrida por el departamento durante el Conflicto Armado Interno, durante el inicio de la década de los 80, hizo que él y su familia se exiliaran en México.

Tenía 12 años cuando migró primero a Tapachula y luego a Puebla, convirtiéndose en uno de los cerca de 500 mil a un millón y medio de desplazados del país durante esa época, según el informe Guatemala, memoria del silencio.

“Para entonces ya me gustaba leer, pero no había qué leer. El Ejército había llegado a cancelar una pequeña biblioteca que había en el pueblo y la convirtió en una cárcel”, relata el intelectual.

No obstante, ese hecho significó su primer acercamiento a la cultura de los libros. Velásquez dice que tras cerrar la biblioteca su tío abuelo rescató algunos ejemplares y los escondió, debido a que poseerlos era considerado un signo comunista. “Con mi primo los empezamos a leer y eso me motivó a seguir haciéndolo”, comenta el escritor.

El docente universitario vivió seis años en México, nación en la que empezó a leer profusamente. Posteriormente volvió a Guatemala en 1986, tenía 18 años, y su retorno se daba en un año en el que se inauguraba la transición de gobiernos militares a democráticos, un hecho que levantó esperanza en la familia de Velásquez, sin embargo, generó lo contrario.

“Conforme nos fuimos asentando en el país notamos que era solo una fachada, una mascarada la que se había instaurado y que los poderes más oscuros, los poderes militares y económicos, seguían inalterados. La situación siguió estructuralmente igual”, rememora el académico.

Ya en el país estudió la carrera de Letras en la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). Se convertiría en profesor a los 23 años y empezaría a publicar libros didácticos a los 29, pero su inclinación inicial era la escritura creativa.

“Inicié con cuentos y poemas, sin embargo me di cuenta que no tiene sentido la creación literaria de este tipo si no se tiene un desarrollo estético muy sólido. Además, noté que en Guatemala se publicaba poesía de pésimo gusto, de pésima calidad, y los escritores se asumían como tal porque hacían metáforas, porque publicaban o porque se reunían con otros escritores. Entonces me desencanté y me empecé a enamorar de la escritura didáctica”, expresa catedrático.

Mencionado gusto se ha materializado en la producción de 16 libros en áreas de investigación, redacción y semiótica. Es esta última ciencia la que adquiere un papel preponderante en la obra de Velázquez, debido a que su primer texto didáctico fue Comunicación, semiología del mensaje oculto,

además de considerar Teoría de la mentira, libro de la misma línea temática, como su título más icónico.

Esa producción se ha unido a su labor docente. En esa línea el académico dice disfrutar el poder escribir y de imaginar la reacción y el interés que va creando en el alumno el texto.

A pesar de que el profesor universitario ha dedicado 26 años de su vida a esta área profesional, afirma que todavía va iniciando, al tiempo que agrega que sigue tratando de innovar y de provocar el aprendizaje en los estudiantes.

“Uno debe reconocerse que ya está viejo, pero sigo pensando en cada curso como el primero, en crear en el alumno el deseo de aprender y de transmitir la pasión que uno siente”, reconoce el autor.

Todo ese recorrido lo ha llevado a ocupar un puesto en la Academia Guatemalteca de la Lengua, una faceta que según Velásquez es un reto más y una nueva posibilidad para hacer lo que le gusta, aunque admite asumirlo con responsabilidad y como una oportunidad para provocar cambios sociales.

“El lenguaje es la herramienta principal para cambiar mentes, para transformar la sociedad, porque todo pensamiento ocurre a través de este, lo cual significa un tesoro que se debe explorar”, reflexiona el académico, quien al preguntársele si este último nombramiento corona su carrera, responde: “coronarla es sentir el gusto de vivirla”.

Fotografías por: Luis Aguilar

 

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