Silencio Inesperado

Por: Juan Carlos Gomez y Judith Xicara

“Un día desperté y no escuchaba nada”, así es como Alejandro Estrada recuerda la pérdida auditiva que sufrió hace 8 años.

Alejandro es originario de la Ciudad de Guatemala y actualmente tiene 35 años. Por medio de lenguaje de señas y utilizando su voz, comenta cómo ha podido sobresalir después del padecimiento que le cambió la vida.

Desde pequeño conoció la ausencia, pues a los 6 años ingresó al orfanato Hogar San Jerónimo Emiliani, ubicado en la zona 1 capitalina, debido a que su madre tuvo que viajar a los Estados Unidos por asuntos de trabajo.

Durante su estadía en el hogar de infantes, convivía y estudiaba con niños de varias edades, capacidades diferentes y algunos con enfermedades crónicas. Comúnmente se preguntaba por qué su vida era distinta a la de los demás.

Cuando tenía 12 años, su madre regresó del extranjero lo retiró del orfanato y continuo sus estudios en un colegio privado de la zona 1, “Vivir sin mi familia hizo que en mi juventud me sintiera muy deprimido”, comentó.

En el año 2002, a la edad de 20 años, cumplió uno de sus más grandes anhelos, ingresar a la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos de Guatemala y dos años después ya contaba con un empleo como Asistente en un popular bufete de abogados.

Todo parecía estar saliendo como lo había planificado. Sin embargo, empezó a notar que iba perdiendo gradualmente la audición, algo que pudo resolver de manera temporal con aparatos auditivos.

Con el pasar de los años, la deficiencia en su sistema auditivo fue generando barreras de comunicación, la dificultad de comprensión provocó que su rendimiento académico y laboral disminuyera, una situación frustrante que lo obligó a dejar sus estudios y empleo.

Una mañana de agosto del año 2010 despertó en silencio total, desesperado y entre lágrimas le pedía a su mamá que le gritara para poder escucharla, “No sabía que iba a quedar sordo para el resto de mi vida”, indicó.

Al principio pensó que la falla estaba en los aparatos auditivos que utilizaba, por lo que se dispuso ir al lugar donde los había adquirido para exponer el problema. Sintió que su mundo se desmoronaba cuando le dijeron que los aparatos estaban funcionando con normalidad y que era su sistema auditivo el que no estaba reaccionando.

Desconcertado, consultó con varios otorrinos, quienes le realizaron resonancias magnéticas y tomografía axial, con las que le detectaron dos tumores en la cabeza que habían matado los conductos auditivos internos; los médicos le manifestaron que la gravedad del caso no estaba en la sordera, sino en los tumores.

Afortunadamente médicos italianos padres adoptivos de uno de sus amigos del orfanato, lo apoyaron y junto con algunas organizaciones benéficas fue asistido en Italia. Estuvo 8 meses en aquel país, donde fue sometido a cirugías y 29 radioterapias, pero el tumor volvió a crecer.

Regresó al país en septiembre del 2011. Después de un largo proceso de capacitación y aceptación como persona sorda, Alejandro comprendió que las personas con su misma discapacidad no solo necesitan orientación del lenguaje de señas, sino que también apoyo emocional y la inclusión a la sociedad como personas con capacidades diferentes.

Gracias al apoyo de su madre y a la insistencia de una amiga, Estrada decidió retomar sus estudios de Derecho en el año 2013, utilizando la técnica de lectura de labios y realizando grandes esfuerzos para comprender sin la asistencia de un intérprete.

Según el Artículo 3, inciso 3 del Código de Notariado: “tienen impedimento para ejercer el notariado: Los ciegos, sordos o mudos y los que adolezcan de cualquier otro defecto físico o mental que les impida el correcto desempeño de su cometido”. A pesar de no poder ejercer, Alejandro logró obtener el título de Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, en el año 2015.

Desde el año 2010, el promedio anual de estudiantes de primer ingreso en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales es de mil 800, según el Departamento de Registro y Estadística de la USAC. Sin embargo, Ingrid García de Atención al Estudiante y el Departamento de Control Académico de dicha Facultad, indica que no existe algún registro de personas con capacidades diferentes.

Las dificultades a las que se enfrentó Alejandro, lo motivaron a crear el proyecto “Un Mundo Sin Barreras”, el cual tiene como objetivo ayudar a mejorar la comunicación, impartiendo clases del lenguaje de señas y brindando charlas motivaciones, con ayuda de Ruth Zamora que actúa como su intérprete.

Aproximadamente 70 personas han participado en el proyecto que inició hace 3 años, en donde ha visto el interés de varios profesionales que desean aprender el lenguaje de señas para mejorar la comunicación con personas sordas.

Para Alejandro, “Todo en la vida tiene un propósito”, y uno de ellos es seguir trabajando en fomentar una cultura de inclusión. Su actitud positiva y perseverante ante las dificultades, ha generado la admiración de su familia y amigos.

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