Más de cuatro años sin poder vender su arte

Por: Emely Cruz y Luz Alvarez

El reloj marcaba las tres de la tarde, en la aldea San Pedro Las Huertas de Sacatepéquez, cuando don Marcelo Hernández recién abría su negocio. Se trata de una venta y taller de labrado en madera.

Con una sonrisa en el rostro, observa cada artesanía que ha hecho a lo largo del tiempo. En el conserva piezas de más de 45 años, siendo una de las primeras una piña que elaboró cuando empezó el oficio.

Don Marcelo, ahora con 61 años de edad, recuerda que a los 9 años inició como lijador en el taller de su primo; años más tarde, desarrolló la habilidad de elaborar muebles y a los 14 años empezaba a tallar diferentes figuras en madera. En la década de lo ´80 empezó a usar este recurso natural como artesano y ya no como carpintero.

 

Los artesanos deben adaptarse a las necesidades del cliente, por eso Don Marcelo, comenta que la imagen más grande que ha tallado es una Virgen de la Inmaculada Concepción de 2 metros con 50 centímetros de altura. La imagen fue solicitada por un monseñor del municipio de Chicacao, Suchitepéquez.

Don Marcelo cuenta que para sus trabajos ha utilizado maderas como: cedro, caoba y conacaste.

Hernández, recuerda que vendía por mayoreo sus artesanías a los extranjeros, en la década de los noventa. “Los mejores años” según él, donde la comercialización de productos chinos era poca y no afectaba tanto a los artesanos guatemaltecos.  Era una época en donde la comunidad de artesanos de Antigua Guatemala, tenía una gran demanda en sus artes.

 

De acuerdo con la Ley de Protección y Desarrollo Artesanal, en el artículo 2, las artesanías se clasifican en: Artesanías tradicionales, las que conservan diseños y colores originales que identifican de origen y Artesanías contemporáneas, las que son elaboradas de acuerdo a los requisitos expuestos en este mismo artículo, dotadas de atribuciones estéticas tradicionales y utilitarias.

Ajustando sus lentes oscuros al rostro, dirige su mirada a las fotografías colgadas en la pared de su taller. En ellas aparecen algunos amigos talladores, a quienes con generosidad enseñó el oficio, siendo un total de 85 personas con quienes compartió su conocimiento.

Mesa donde don Marcelo elabora cada arte en madera, al fondo las fotografías de sus hijos, sus nietos y el equipo de fútbol del taller de tallado. Foto por: Ruben David Lacan

Durante un tiempo, llegó a tener 26 trabajadores. A cada uno de ellos les regalaba un juego de gubias (herramienta utilizada para tallar en madera), cada pieza era valorada en Q.20 quetzales y las más caras estaban entre Q.75 a Q.100 quetzales; actualmente cada gubia vale Q.350 quetzales.

Según un informe presentado por el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) en el año 2016, los líderes de la producción artesanal en la región central del país, son Guatemala, Sacatepéquez y Chimaltenango.

 

En el mismo informe del MARN,  se describe que la estructura de la cadena de artesanías de Guatemala se realiza de la siguiente manera: producto realizado por el pequeño empresario, seguidamente el producto pasa por una asociación de artesanías, luego pasa a la comercialización por empresas nacionales hasta llegar a su venta en el extranjero.

De todas las personas a quienes enseñó el oficio destacan sus 3 hijos. Quienes durante un tiempo se dedicaron al negocio, pero con el paso de los años, éste empezó a disminuir.

El hijo mayor decidió buscar una mejor oportunidad en los Estados Unidos, el mediano empezó a desenvolverse en la mecánica de vehículos y el único que siguió como tallador fue el menor.

Con un trozo de madera Marcelo empieza a elaborar su arte. El valor de cada tallado oscila entre Q200 hasta Q12 mil. Foto por: Ruben David Lacan

Desde que su hijo mayor se fue a otro país no sale a vender ninguna artesanía, ya que él lo acompañaba durante su jornada, pero en los últimos años las ventas han disminuido notoriamente, por lo que hace 4 años don Marcelo no vende un arte en madera, ni siquiera durante la Semana Mayor, en donde la afluencia de turistas es evidente.

Dentro de las debilidades que se plantean en el informe del MARN, destaca el notable descenso de turismo durante mayo, junio y julio de cada año.

Don Marcelo, trabaja por  las mañanas  en el campo, donde siembra maíz y frijol para el consumo de su familia y los únicos frutos que comercializa de su cosecha son el jocote, el níspero y el durazno.

Marcelo Hernandez. Foto por: Luz Alvarez

Actualmente don Marcelo sobrevive con el dinero que recibe de alquileres y la ayuda que le envía su hijo desde EEUU. También hace trabajos como encargado de obra en construcciones, aunque su verdadera pasión está en el tallado de madera.

-Todo se puede hacer mientras tenga uno voluntad de hacerlo. Aquí en mi taller no se ha dicho “no se puede”.

Don Marcelo se despide amablemente y toma su chaqueta negra, cierra el negocio y se encamina a la iglesia para acompañar en el entierro de un vecino.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: