La vida no es una mercancía

Por Emely Cruz y Luz Alvarez

Según estadísticas presentadas por la Secretaria contra la Violencia Sexual, Explotación y trata de personas –SVSE- en el año 2017 el Ministerio Público –MP- recibió 288 denuncias por el delito de trata de personas en el país, siendo notorio que la mayor cantidad de víctimas se encuentran en la Ciudad Capital con 122 denuncias, seguido de Escuintla con 28 y Huehuetenango con 18.

La trata de personas con fines de explotación sexual es un delito que conlleva consecuencias devastadoras para las víctimas, como traumas físicos y psicológicos, enfermedades sexuales, aislamiento social y en algunos casos, el suicidio o la muerte en manos de explotadores o clientes.

Como manera de protección para la víctima y familiares afectados se mantendrá el anonimato, denominaremos a la víctima como Elisa, hermana mayor y única mujer de 3 hijos.

Era una joven guatemalteca con una vida tranquila en el pueblo. Acompañaba a su mamá al mercado, le gustaba jugar con sus primos, era tímida, reservada y no acostumbraba salir a fiestas, disfrutaba pasar el tiempo con sus del colegio.

A mediados de 2016 sus padres empezaron a organizar con ilusión los 15 años de su hija mayor, aunque Elisa se oponía a la fiesta terminó accediendo para complacer a sus padres, familiares y amigos, quienes en diciembre de dicho año asistieron a la celebración tan esperada.

Inicio de la pesadilla

El ciclo escolar 2017 inició como cualquier año, Elisa cursaba segundo básico. La rutina de la recién quinceañera al salir de clases era juntarse en la esquina del colegio con su primo, tomar un tuc-tuc e irse a su casa. Doña Elvia, la mamá de Elisa, a quien llamaremos así por su seguridad, solía esperarlos con el almuerzo servido alrededor de la 1:20 pm.

El 2 de septiembre el primo de Elisa salió minutos antes de clase, como era de costumbre solía juntarse en las afueras del colegio con sus amigos pero ese día el tiempo pasó y su prima nunca llegó.

A las 7 de la noche los padres de la menor sin saber de su hija se abocaron a las autoridades para pedir ayuda en la búsqueda, pero les indicaron que se debían de cumplir las 24 horas de desaparecida para ellos realizar su trabajo. Amigos y familiares decidieron seguir buscando por las calles del pueblo.

Pasaron las 24 horas más largas para la familia, se dirigieron a poner la denuncia a Alerta Alba-keneth, la búsqueda por las autoridades empezaba, sin embargo no había ninguna pista que los llevará hacia ella.

La primera llamada por parte de las autoridades a los padres de la menor se realizó días después. Les indicaron que había un cadáver y solicitaban de su presencia para verificar si era su hija. Con desesperación, tristeza e impotencia los padres de Elisa llegaron a la morgue, los llevaron al cuarto en donde estaba el cuerpo de una niña, descubriendo el rostro, soltando en llanto aseguraron que no era ella.

Aunque sentían alivio de saber que no era su hija, la desesperación aumentaba por no saber en dónde y cómo se encontraba Elisa, constantemente tuvieron que enfrentar esa situación, debido a que las autoridades los solicitaban cuando encontraban algún cadáver.

Durante 7 meses no hubo noticias de Elisa, aunque se realizaba una investigación no había ninguna noticia de ella. Con el tiempo los padres de la menor de edad recibían anonimatos, en donde se les indicaba que debían quitar la Alerta Alba-Keneth si querían ver bien a sus otros dos hijos vivos. No les daban otra indicación y no les pedían dinero para el rescate. Aunque era difícil la situación, la familia se mantuvo al margen para que las autoridades hicieran su trabajo.

Para la familia de Elisa el contacto y la ayuda de la Organización Internacional de Policía Criminal –INTERPOL- fue fundamental para encontrar a su hija, aunque el MP se oponía al principio a que esta organización se involucrara en el caso, en menos de un mes dieron con el paradero de la menor.

Las condiciones en las que encontraron a Elisa fueron devastadoras para sus padres, era una niña irreconocible.

Los informes médicos presentados por las autoridades exponen que la menor era drogada, por lo que estuvo una semana en una clínica de desintoxicación. Así mismo indican que Elisa era abusada sexualmente.

Aunque las investigaciones muestran que la pequeña era prostituida, ella no ha querido hablar de lo sucedido, las secuelas del suceso son evidentes, vive cada día sin ninguna emoción. Actualmente, se encuentra fuera del país recibiendo ayuda psicológica.

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