Sobreviviendo a pesar del miedo

Por: Nehtzer Raquec

Para nadie es un secreto la inseguridad que existe en las calles del país y el riesgo que corren los guatemaltecos al salir de sus viviendas para sobrevivir y mantener a sus familias.

Tal es el caso de Ana Leiva, quien es madre soltera y trabaja atendiendo una panadería para mantener a sus tres hijos. Todos los días sale de su casa para trabajar ocho horas y media y así poder ganar Q350 a la semana. Con eso debe alimentar a su familia, pagar la renta y velar por la educación de sus hijos.

Para Ana ha sido difícil encontrar otro trabajo, pues con 47 años y sin estudios de diversificado, no la consideran como óptima empleada en algunas empresas. Por esa razón, tiene que soportar el ser víctima de constantes extorsiones.

El pasado jueves sufrió la que ella describe como la peor de todas. Se encontraba en la panadería cuando un delincuente traspasó la vitrina, la puso de rodillas, le apuntó con el arma, la registró y se llevó el dinero. Todo sucedió en presencia de su hijo Benjamín, de siete años, quien la acompaña la mayoría del tiempo.

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Según el boletín estadístico de delitos del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN), la cifra de extorsiones aumentó en comparación a diciembre del año 2017.  En enero del presente año, la Policía Nacional Civil (PNC), registró 704 denuncias por este tipo de delitos.

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Últimamente, para Ana, los días de trabajo han sido pesados. Hay ocasiones en las que tiene que cubrir todos los turnos y por si fuera poco, cada vez que ocurre un asalto, los dueños del lugar desconfían de su palabra, pues siempre atiende sola.

La situación ha provocado que Ana tenga ir al trabajo sintiéndose insegura y en riesgo. Y cabe mencionar que, como en algunos hogares, el padre de sus hijos decidió abandonarlos, por lo que tiene que correr con todos los gastos.

Aun así, no pierde la esperanza de encontrar otro trabajo, mientras tanto, está dispuesta a seguir sobreviviendo a costa de los contratiempos para mantener a sus hijos, todos menores de edad.

“Es duro, pero no tengo otra opción, ya he ido a otros lugares, pero no me aceptan”, finalizó Leiva con preocupación en su mirada.

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