Una pequeña gran revolución: mi menstruación

El 28 de mayo se conmemoró el Día de Acción Global por la Salud de las Mujeres y se celebró el Día Mundial de la Higiene Menstrual, fecha que me hizo pensar en tres cosas: la transición simbólica de “niña a mujer” que la sociedad maneja en torno a la menstruación, los tabúes y estigmatización a la menstruación, el ejercicio político del cuerpo y la sexualidad a través de la menstruación.

El sistema patriarcal se ha encargado del control del cuerpo y de la sexualidad, ha logrado que las mujeres se desapropien de su cuerpo a través de prácticas y acciones simbólicas para alinearlas y enajenarlas.

Uno de los muchos cambios biológicos por los que la mujer pasa es la menstruación, pero a diferencia de otros como la talla y peso, esta se visualiza como esa transición de niña a mujer; desde ahora su cuerpo toma valor, asignado socialmente, ya que ahora tiene la capacidad de embarazarse y parir. Significa que la nueva “señorita” ahora debe cuidar de ella y todo lo “malo” que le suceda es única y exclusivamente responsabilidad de ella y que todo lo “bueno” que le suceda es producto del cuidado que le facilitan quienes la rodean.

La menstruación en muchas culturas, y no escapa la nuestra, no es recibida como una buena noticia. La llegada de la menarquia (primera menstruación) representa castigo, responsabilidad y carga económica. Una menstruación construida desde el miedo, la culpa y el desconocimiento, y claro como medio de control del cuerpo y del placer.

Con esta carga social también se presenta una serie de mitos y tabúes que nuevamente nos hacen vivir la menstruación en silencio, en privado y relegado a un acto biológico. “La menstruación es asquerosa, por eso hay que limpiarse”

Es preciso identificar que la menstruación forma parte de un ciclo que tienen las mujeres biológicas, el endometrio se prepara para proteger al cuerpo de infecciones, acoger un embarazo si es viable o rechazarlo al poner en riesgo la vida de la mujer. Si un ovulo está enfermo o no es fecundado, el endometrio se desprende de la matriz y saldrá una membrana de sangre. Esta sangre se compone de células madre, tejido uterino, moco cervical y sangre.

¿Qué tiene de sucio? Nada, la asociación de la menstruación a lo sucio tiene muchos significados. Uno de ellos se relaciona con que la sangre expulsa por cuerpo es mala y desechada porque no sirve.
Algunas religiones exigían a las mujeres que en su periodo menstrual se alejaran de los templos o iglesias para no contaminar con la sangre, lo que puede precisar el grado de violencia, restricción de movilizarse y participar en espacios públicos. También se presentan restricciones en hacer actividades, comer alimentos y en las relaciones sexogenitales.

Claro se debe tener una limpieza e higiene adecuada que nos permita sentirnos cómodas y plenas, pero no pensar en hacer todo lo posible para borrarse la menstruación. Estudios han detectado químicos provenientes de shampoo o desodorantes vaginales que alteran la flora vaginal y perjudican el cuerpo de la mujer. Incluso en la fabricación de toallas sanitarias o tampones se ha descubierto contaminantes para contrarrestar olores que afectan de forma directa e indirecta no solo a la mujer sino al ambiente.

Una menstruación consciente es estar informada y se romper con mitos, es consciente porque se tiene la capacidad de decidir sobre el cuerpo y se reivindica la menstruación no solo acto biológico sino como un acto político que también debe ser atendido e informado por los sistemas de salud pública.

La menstruación exige (no de forma violenta) el contacto con el cuerpo, un cuerpo negado en muchas ocasiones, que va más allá de estar en cercanía al poner una toalla sanitaria. Involucra el reconocimiento de la vagina y vulva como parte del cuerpo que no cumple solo con una función reproductiva.

Reclama una reconciliación con la idea cultural, social e histórica asignada a la menstruación, por ende, rechaza la idea de validación de la sexualidad para las mujeres en la menarquia y menopausia, que hace referencia a que con y sin menstruación hay vida y merece vivirse en plenitud y que el placer debe estar presente.

Es un ejercicio político, porque desde la posibilidad de ser nombrada, citada, escrita y debatida en esferas privadas y publicas rompe con la carga violenta y “sucia” que se le atribuía.

Hablar de higiene menstrual, no solo es esconder un olor o lavarte bien en tus días. Es situar la menstruación desde todas las esferas posibles. Es acceder a información científica y laica que permita decidir sobre el cuerpo y la sexualidad.

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