Del dicho al hecho: la salud

A casi mitad del año, la lista de chequeos médicos es un completo dolor de cabeza.
Tengo que admitir: ¡no me gusta ir al médico! soy mala para tomar pastillas y a veces pongo mi salud en segundo plano. Las únicas veces que acudí al centro de salud de niña fue por dolor de estómago, gripes y por varicela.
Pero claro, no es un problema mío, hablamos de un problema en la prestación de servicios de salud que está enfermo y colapsa de apoco.
Recuerdo…
A los doce años el doctor me dijo: quítese la ropa, póngase la bata, súbase a la camilla, descúbrase, ¿en dónde le duele?, ¿ya le bajo la menstruación?, ¿ha tenido sexo?, ya se puede cambiar, le voy a recetar pastillas de hormonas para que se regularice su ciclo y ya no sienta tanta molestia, aunque si le van a doler en los siguientes años debido al desarrollo, usted ya esta en la pubertad, y las pastillas las puede comprar afuera porque en el centro se nos terminaron. Como mujercita debe darse a respetar.
A los quince años cuando fui por condones; la recepcionista, la enfermera y el ginecólogo luego de hacerme un recorrido visual me dijeron: “es muy pequeña para estar haciendo cosas indebidas”, y sé que a amigas y amigos les han dicho cosas como, “mejor apréndanse a limpiar el culo antes de hacer cosas de adultos, si usted esta buscando eso es porque ya tiene sexo y eso antes de casarse es pecado”, cosas que parecieran chistosas pero que siempre han existido.
A los dieciocho años la consejera me dijo: ya tenemos los resultados de su prueba de embarazo, si quiere se la leo de una vez o espera a alguien más, ¿cómo se siente?, tiene novio o está casada, sus padres saben que vino a consulta, que tiene pensado hacer si sale positivo, no lo vaya a abortar, un hijo es una bendición, respire, aquí hay un vasito de agua.
A los veintidós años la enfermera me dijo: señorita le voy a pedir que se quite su calzoncito y pantalón, atrás hay una bata de figuritas, se la pone, pone sus piernitas abiertas en la camilla, se relaja, va a sentir frío pero no duele. Ábralas como lo hizo antes, no cierre las piernas, no se mueva, ¿verdad que no duele?, los resultados de su papanicolaou están en una semana.
Así como yo, muchas mujeres han pasado por situaciones como estas o peores. Que sutilmente están, pero no las visibilizamos como violencia. Es importante la salud, como también lo es la salud sexual y salud reproductiva, y a pesar de las brechas que tiene el país en el acceso a servicios de salud informativos y clínicos, el 28 de mayo, se conmemora el Día de Acción Mundial por la Salud de las Mujeres
Salud no es la ausencia de enfermedades, se contempla un bienestar integral que potencialice y brinde herramientas a todas las personas para el goce y disfrute de una vida digna. Y dentro de la salud también se contempla la salud sexual y salud reproductiva.
La salud sexual y salud reproductiva es un estado general de bienestar físico, mental y social en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo y sexual, el cual debe ser garantizado para las personas adolescentes y jóvenes. Esta integra aspectos corporales, emocionales, intelectuales y sociales de las personas, a su vez, mejora la comunicación, las relaciones personales y reduce las prácticas violentas y de riesgo.
Para que una persona pueda gozar de una salud sexual y salud reproductiva es necesario que el Estado de Guatemala garantice los derechos sexuales y derechos reproductivos en los marcos legales y en las políticas públicas.
Sin embrago, varias son las dificultades que se deben superar para acceder a los servicios de salud y para que estos recobren la credibilidad en la sociedad.
Como mujer joven capitalina, (mujer con privilegios)
Tengo que decir, para ir a un servicio de salud requiero de diez a quince minutos en transporte público, lo cual considero una barreras, mientras más lejano este un servicio, más complejo será el acceso y la permanencia, lo que agrega una dificultad económica por resolver. Esto no solo es un problema que ocurre al interior del país, aunque si se ven más vulneradas. Tampoco es un problema de pobres y analfabetas, es la precariedad general del sistema de salud.
Por otro lado, dependiendo del nivel de atención, será necesario acudir a un servicio que tenga una mayor oferta de servicios clínicos o buscar un servicio privado que de respuesta a nuestra necesidad.
Digamos que en estas circunstancias se puede hacer poco o mucho, sin embargo, uno de los mayores retos en el acceso a servicios de salud sexual y salud reproductiva es el trato que brindan los presentadores de salud. Primero partir que resulta extraño e inmoral que una o un adolescente busque información de la sexualidad o métodos anticonceptivos, pero, si es normal que niñas estén embarazadas y pariendo a los catorce años. Aquí opera una doble moral, los juicios religiosos que se tienen respecto a la sexualidad marcan situaciones socialmente aceptadas y rechazan aquellas que no son conocidas o trasgreden sus ideales. Y vale decir, se tiene un respeto a las ideas, religiones y creencias de cada persona, pero, estas no deben ser impuestas a otras, y aun más cuando se habla de servidores públicos.
En las experiencias que viví, frases como: “como mujercita debe darse a respetar”, “si usted está buscando eso es porque ya tiene sexo y eso antes de casarse es pecado”, “no lo vaya a abortar” y “ábralas como lo hizo antes”, claramente son juicios y enunciados que califican o valorizan una acción en función a la creencia que practica, obviamente se pronuncian desde el miedo, la culpa, la represión y la negación de derechos.
¿Es un problema de salud pública? Sí.
La atención en salud debe ser basada en evidencia científica y veraz. Para ello debe garantizarse un Estado laico que reconozca la diversidad de una sociedad, que proteja a la persona y se manifieste en beneficio del interés público, atendiendo a los estándares internacionales de derechos humanos.
En la mayoría de los casos, mi excusa para no ir a un chequeo era “el tiempo y dinero” sin embargo, reflexionando y analizando he concluido que también interviene el trato que he recibido y que manejo una expectativa alta por el personal de salud.
Hasta ahora, para sentirme cómoda con mi salud me he atendido en lugares alternativos y privados, en donde debo pagar por los servicios. Y aunque me resuelvo la vida, creo que no todas las personas tenemos las mismas posibilidades, por lo que es urgente que el servicio mejore. Y me causa mucha gracia porque a diario salen noticias sobre un sistema de salud colapsado, que no hay medicamentos, los salubristas en huelga, y visualizo lejos que esto mejore.
Y me encuentro frente a un reto del tamaño de un iceberg, cuidar mi salud. Cuándo en mi corta vida cuidar la salud ha sido una prioridad, me han enseñado que no. Cuándo las mujeres en general se hacen chequeos de rutia, perdón pero quizá las “ricas” que tienen posibilidad económica para hacerlo y las demás mujeres cuando se atienden en control prenatal, pero luego de eso quiero pensar que si lo hacemos. Y esto me toca porque como defensora y educadora en educación integral en sexualidad voy por el mundo empoderando a mujeres para que cuiden su salud, voy contra la corriente demandando al ministerio cambios en la infraestructura y no sé qué más, pero cuidar la salud en el margen del empoderamiento es complejo. Las condiciones y circunstancias en las que nos movemos juegan mucho, las condiciones laborales, los contextos en los que vivimos, las relaciones que aun sostenemos. Y esta es la lucha diaria, equiparar el discurso con la práctica.
También soy de las que busca jornadas médicas para reducir la carga económica. Estoy atenta a descuentos en los servicios privados porque me gusta que me saluden cuando entro a sus espacios. Trato de poco a poco hacerme la mayoría de exámenes anuales de rutina y dedicarme tiempo.
Hablarlo y practicarlo aún es paulatino. Me refiero a que hay avances, hace meses me compré la copa menstrual y me ha resuelto y sanado la vida, pero, hacerme el Papanicolaou aun es complejo. El trato en los servicios, que he elegido, ha sido amable y cortes, pero aun la introducción de un especulo con forma de pico de pato, frio y duro me resulta incómodo y doloroso, por más emancipada que este.
Entonces, hay que superar todas las barreras de acceso, empoderarse, hacer los servicios más humanos, eliminar la doble moral en los servicios de salud, lograr pagos dignos para el personal y todo lo que se nos ocurra.
Esto más que columna de opinión es una catarsis pública de lo hinchada que estoy. Que desde luego tiene que cambiar para no explotar. Asumir su parte desde la propuesta de Estado.
Si quiere comente, lea, haga algo. Si no…

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