Tortillerías, sinónimo de explotación laboral infantil.

Cuando hablamos de explotación laboral infantil en Guatemala, lo primero que a muchos se nos viene a la maceta (cabeza), son los niños que elaboran cohetes en aldeas del municipio de San Raymundo y San Juan Sacatepéquez, pero esta problemática no es exclusiva de este sector, lamentablemente se da en muchos ámbitos, como las tortillerías.

Hoy les contaré parte de la historia de Juanita* quien, casi huyendo de la pobreza, tuvo que venirse de su tierra natal, una comunidad rural del municipio de Chichicastenango, del Departamento de Quiché, donde vivía con sus seis hermanos y sus papás, que apenas y les alcanzaba para medio comer y darles alimento a sus pequeños, “no era extraño que en más de algún día, Juanita se quedaba sin comer”, me contó la encargada de la tortillería donde “trabaja”.

Juanita casi no habla castellano, apenas y esboza una sonrisa cuando más de algún cliente la saluda, ella solo sabe que tiene que levantarse a las cuatro de la mañana todos los días para preparar el maíz que llevarán al molino a eso de las cinco y media, para que a las seis en punto, la masa esté lista, Juanita se planta frente al enorme comal y comienza su jornada que terminará a eso de las ocho de la noche.

La acompañan dos personas, una adolescente paisana suya y la encargada, una señora de la tercera edad, quien controla que todo se realice como a la dueña de la tortillería le gusta, para tomar sus alimentos, Juanita apenas tiene quince minutos a las nueve y trece y diecinueve horas. “Comemos pan con café, sopa de frijol con tortilla y de vez en cuando, compramos arroz”, dice la encargada, no muy contenta por el interrogatorio.

Hay una pregunta obligada, ¿cuánto ganan? no logro sacarle la cantidad exacta, pero me cuenta que ella por ser la encargada, recibe Q.25.00 más a la semana, Juanita hace una seña que interpreto como Q.500.00 a la quincena. “Nos dan donde vivir y con eso nos ahorramos bastante”, interrumpe su compañera, como queriendo dar por terminada la plática.

¿Y cuándo descansan? Pregunto. Cuando no hay mucho trabajo, un día cada quince, sentencia la encargada, a Juanita le brillan los ojos y entre dientes expresa que por eso no ha visto a sus papás desde que se vino de Chichi, “los llamo o ellos me llaman” agrega señalando con un gesto facial su teléfono (frijolito) que se carga en un rincón del local que hace las veces de tortillería.

Pasaron 15 minutos y en lo que llenaban un canasto con veinte quetzales de tortilla, dio tiempo para conversar y poder contarles parte de la historia de Juanita. “Hoy es domingo y terminamos hasta las nueve de la noche”, es cuando más se vende”, dice Juanita, mientras deja ver sus manos blancas que contrastan con su piel morena.

La historia de Juanita, representa solo uno de miles de casos de explotación laboral infantil, un problema que hasta se justifica ante la pobreza que aprieta a miles de guatemaltecos, niñas que debieran estar jugando y estudiando, son explotadas en este tipo de negocios, que en su mayoría, no cuentan con las condiciones mínimas de seguridad e higiene, menos con un espacio para descansar adecuadamente, del salario, ni hablar.

*Nombre ficticio.

Cintillo de Opinión

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