Semiosis, proceso decodificador social (segunda parte)

Por: Freddy Poroj

Aristóteles, lejos de las posturas nominalistas y esencialistas, afirmaba que el signo no representaba precisamente a un objeto sino a un concepto, o sea a una idea. Explicaba en uno de sus argumentos en virtud de objeción a Platón que, si existen ideas de cada cosa (signos constituidos), tendrá que haber también ideas de las relaciones (signos en situación), puesto que las relaciones se perciben estrictamente mediante la semiosis intuitiva de las cosas.

Además, este filósofo expuso la teoría que no es posible determinar la verdad o falsedad de las palabras, ya que ellas se refieren a pensamientos y no a realidades externas. “La forma, en Aristóteles, es la esencia, lo que hace que la cosa sea lo que es.” (García, 2006:119). Es de considerar entonces que las cosas percibidas por los sentidos, tienen un significado creado convencionalmente por los mismos sujetos; empero, este plano del contenido no lo tienen separado de otros, en la praxis social. Si se obtiene información ajena al código establecido, el proceso semiósico será vulnerado por los ruidos semánticos y sintácticos, es por eso que Barthes (1985:67) aclara que “…no es en absoluto cierto que en la vida social de nuestro tiempo existan, fuera del lenguaje humano, sistemas de signos de cierta amplitud. Objetos, imágenes, comportamientos, pueden en efecto, significar, pero nunca de un modo autónomo. Todo sistema semiológico tiene que ver con el lenguaje y la cultura.”

Sociograma

La teoría de Peirce, por ejemplo, se presenta como una semiología cognoscitiva, es decir, como una disciplina filosófica que pretende la explicación e interpretación del conocimiento humano. Su punto de partida es el esquema triádico en cuanto a los componentes del signo: el representamen, el interpretante y el objeto; y que dentro del proceso semiósico permiten actos decodificadores en la comunicación. (Vea un ejemplo de esta tríada en: https://elsancarlistau.com/2017/10/09/caja-de-pandora-el-interpretante-como-realidad/).

En este sentido, Elizondo (2012), resume dichos apartados peircianos por medio de la inferencia de los hechos externos e internos, en relación al tercer principio (la negación) y explica al signo aludiendo a tres referencias. Primero como un signo para alguien; es decir, para algún pensamiento que lo interpreta, entiéndase al que lo decodifica. Segundo, porque es un signo de algún objeto para el que, en ése pensamiento es equivalente. Y, por último, es un signo en algún aspecto o cualidad, que lo pone en conexión con su objeto, es decir, su referente. Los signos, dentro del proceso semiósico son pues, creados en situaciones concretas y textuales que, a su vez, hacen la relación de las ideas (conceptos o significados) en una realidad formada por las circunstancias pragmáticas. Victorino, et al (1999:46-47), afirma que según Peirce, toda la realidad puede ser comprendida a partir de tres categorías que permiten unificar aquello que es complejo y múltiple a saber:

  1. El primer correlato: es todo cuanto tienen posibilidad de ser, real o imaginario.
  2. El segundo correlato: son los fenómenos existentes, es lo posible realizado y por tanto es aquello que ocurre y se ha concretizado en relación con la primeridad.
  3. El tercer correlato: está formada por las leyes que rigen el funcionamiento de los fenómenos, es una categoría general que da validez lógica y ordena lo real.

Dentro de su manera de pensar, buscaba la universalidad de pensamiento que le permitiera comprender la totalidad del mundo y fue así como vio la necesidad de elaborar un sistema con categorías que abarcaran realidades cognoscibles. Se hace semiosis, para percibir lo que una substancia significa, pero es necesario recurrir al trabajo de articulación llevado a cabo por la lengua.

Tratar a una semiosis como inferencia, no implica exclusivamente un objeto de análisis formal. Así, aunque en un principio se trabaje sobre substancias no lingüísticas, se encontrará antes o después el lenguaje en el camino, en el diario vivir. Y no solo como modelo, sino también a título de componente de elemento mediador o de significado de la cultura en donde las personas se relacionan con su entorno sígnico. Es importante reparar que “La base de todo proceso de comunicación es el signo, elemento con el que el emisor codifica su mensaje. Una primera definición de signo podría ser: Objeto perceptible por los sentidos que representa a otro objeto.” Jacobson, (1976:89).

Fuentes:

  • Barthes, Roland (1985). La aventura semiológica. Barcelona. Ediciones Paidós.
  • Elizondo, Jesús Octavio (2012). Signo en acción. El origen común de la semiótica y el pragmatismo. México. D. F. Ediciones Culturales Paidós, S. A.
  • García, Manuel (2006). Lecciones preliminares de filosofía. DISTRIBUIDORA UNIVERSAL 2000, Guatemala, C. A.
  • Jakobson, Roman (1976). Nuevos Ensayos de Lingüística. México. Editorial Siglo XXI.
  • Victorino Zecchetto y otros (1999). Seis semiólogos en busca del lector. Buenos Aires, Argentina. Ediciones CICCUS Bs. Argentina. Ediciones La Crujía. Tucumán Bs. Argentina.

(Imágenes extraídas de: http://www.google.com)

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