XX estación: El futbol en Guatemala es casi sepultado

En un lugar no muy lejano había un señor que era aclamado por muchos. La gente veía en él la realización de sus ilusiones; muchos miraban en él el consuelo a sus tristezas, la razón de sus alegrías. En sus presentaciones en público era capaz de detener un país. Muchos se esperanzaban en que le daría una alegría mayor a sus seguidores. Esa era la esperanza que los motivaba a seguirle día con día.
Por muchos años se mantuvieron con esa esperanza. El señor luchaba con todas sus fuerzas para demostrar agradecimiento a sus seguidores. Las ilusiones de ellos era tales que a pesar de las desilusiones, los malos dirigentes y el amargo sabor de boca, volvían a sus casas, confiando fielmente que las cosas iban a ser mejores.
Un día nuestro admirado personaje decidió hacer un viaje. En el camino encontró subidas y bajadas; pero siempre se esforzaba en seguir avanzando. Había promesas que al final del camino las cosas iban a ser mejores. Y eso le motivaba a continuar en su viaje. Poco a poco empezó a encontrarse en el camino un montón de agujeros. El pobre salía de uno y se caía en otro; algunos más profundos cada vez; hasta que llegó el día en que cayó en un profundo agujero que apenas alcanzaba a pedir auxilio. Los gritos eran tan débiles que ya apenas se escuchaba un grito ahogado.
El pueblo se levantó a pedir clemencia. Que alguien hiciera algo por el personaje. Pues sabían que si lo dejaban ahí, iba a ser su segura muerte. De pronto una luz se miraba al final del túnel. Llegaron unos señores que hicieron rueda alrededor del agujero y empezaron a discutir, sobre cómo ayudar a nuestro desventurado personaje. De tanto discutir llegaron a ponerse de acuerdo que ellos habían tenido la culpa del agujero en que había caído. La discusión fue tal que muchas voces les gritaban que hicieran algo. Pero solo se quedaba en ello. Mientras el personaje estaba en lo profundo del pozo, pidiendo clemencia para salir y así continuar su camino, los señores seguían discutiendo. Hasta que unos señores más poderosos que ellos les enviaron un telegrama en dónde les advertían que tenían que organizarse y salvar cuanto antes al personaje, de lo contrario, seguro asistirían a su sepelio.
Los señores de tacuche que estaban alrededor del agujero viendo al desventurado agonizar llegaron a la conclusión que nada podían hacer, así que pedirían ayuda a los representantes del pueblo, dado que ellos habían sido puestos para garantizar la representatividad del país, seguramente ellos si podrían meter las manos al agujero y tenderle una brazo a aquel pobre personaje que había llegado casi a lo profundo del pozo.
Muchos del país se las ingeniaron para tenderle una mano. Hicieron cadenas humanas para intentar bajar, pero no eran suficientes. El agujero era muy profundo y oscuro, además que olía mal, porque los mismos señores en su construcción le habían llenado de huesos y podredumbre solo por beneficiar sus intereses personales. Se comían el pescado y en ese agujero iban a depositar las cabezas y los esqueletos. Incluso los habitantes dejaban bajar sogas, pero no eran suficientes, dado a que los señores almacenaban el rollo de soga que era capaz de salvarle la vida.
Hoy sigue mucha gente alrededor del pozo. Incluso hasta se han llegado ya a manifestar entidades internacionales y personajes de renombre. Es el único personaje en el mundo de 211 registrados como él que vive esta situación y que al parecer van a dejar morir. Lo más triste de todo ello es que el pobre quizá ni tenga descendencia. Aun si la tuviera, los entes internacionales auguran que se necesitarían unos veinte años para que el descendiente crezca y pueda ser admitido para suplantar a su padre.
El personaje tiene ya casi perdidas sus esperanzas. En su mente quedan aquellos recuerdos de las emociones vividas en cada lugar y ocasión. Resuenan a lo lejos en sus oídos los emocionados vítores con que era aclamado. Casi siempre en sus 90 minutos eran los más emocionantes. La camisa que porta tiene un desteñido azul y blanco, pero son colores que aún mantienen con esperanza a los habitantes de aquel país. La gente lucha con uñas y dientes por convencer a los señores de tacuche que hagan algo en conjunto con los representantes del pueblo, pues están convencido que si él muere dentro, no les quedará más remedio que regresar a su rutinaria vida, envuelta entre inseguridad, maldad y corrupción, sin tener nada ni nadie que les haga ver un panorama diferente.
Los señores están reunidos, el pueblo clama con urgencia. El personaje se resigna a morir en el pozo. Ojalá alguien se digne salvarlo. Sus fuerzas son débiles, pero si sale, habrá muchos ciudadanos quienes lo aman, que lo llevaran en hombros para que continúe su viaje. Ese personaje se llama: Fútbol.

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