41 gritos ahogados entre las llamas de un Hogar Seguro

El “Hogar Seguro Virgen de la Asunción”, fue creado en el año 2012 con el objetivo de atender a niñez y adolescencia “víctimas de violencia física, psicológica y sexual, con discapacidad leve, abandono, niñez en situación de calle, con problemática adictiva, víctimas de trata con fines de explotación sexual, comercial laboral o económica y adopciones irregulares” (Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia, 2017)

41 cruces, 41 kilómetros a pie, 41 recuerdos de vida, 41 ilustraciones artísticas, 41 posibilidades truncadas, 41 nombres que se desgarran en nuestras voces, 41 gritos ahogados entre las llamas, 41 niñas quemadas, 41 velas, 41 almas incansables, 41 víctimas de un Estado que no las protegió.

La noche del 7 de marzo de 2017, los noticieros guatemaltecos daban la primicia de una fuga masiva de un Hogar estatal ubicado en San José Pinula; se trataba de un centenar de niñas, niños y adolescentes, quienes en breves declaraciones habían denunciado que escapaban de malos tratos, abusos, violaciones y comida engusanada. Algunas horas después de la fuga, el personal del Hogar, conjuntamente con la Policía Nacional Civil y en presencia de la Procuraduría de Derechos Humanos, procedieron a reincorporar a 56 niñas y 43 niños, a quienes en primera instancia los monitores de dicho Hogar se rehusaron  a recibir, argumentando que “el reingreso ponía en riesgo al resto de la población que decidieron no participar en estos eventos.”

Transcurrieron las primeras horas de aquel 8 de marzo, cuando el presidente de Guatemala, Jimmy Morales, giró instrucciones para que los agentes de la Policía Nacional Civil tomaran el control del Hogar Seguro. Es así como la PNC dio ingreso a las 56 niñas al aula de Pedagogía, con una capacidad aproximada para 26 personas de pie, y 11 personas utilizándolo como dormitorio; mientras tanto a los 43 niños los ingresaron en el auditórium del lugar.

Ese mismo 8 de marzo, pasadas las 8 de la mañana, una niña decide prender fuego a una de las colchonetas del salón de Pedagogía, como una medida para que abrieran la puerta y pudieran liberarse del hacinamiento y de la letrina que tuvieron que improvisar para sus necesidades fisiológicas. La puerta fue abierta después de 9 minutos de iniciado el incendio, después de 19 menores calcinadas a 300 grados centígrados.

Hoy vuelve a ser 8 de marzo, y en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, es preciso recordar a las 41 niñas que murieron en el siniestro del Hogar Seguro, a las 15 niñas que sobreviven día con día, a sus sentimientos, emociones, secuelas, quemaduras y amputaciones. Es preciso recordar a las 56 niñas guatemaltecas, víctimas de un Estado ineficiente, víctimas de un gobierno que a causa de compadrazgos y devolución de favores, contrató a personas sin experiencia para brindar el cuidado y abrigo que las y los menores de Hogares estatales necesitan.

Un año después, la tragedia del “Hogar Seguro Virgen de la Asunción” ha visibilizado la problemática en torno a la institucionalización de la niñez y adolescencia en los centros estatales, y ha dado paso a una serie de manifestaciones de acción colectiva, entre las cuales la demanda de justicia y el avance del proceso jurídico, son los estandartes que se aglutinan en las voces de aquellas personas conscientes de la indolencia de las autoridades.

Hoy, desde donde estemos, desde nuestros campos de acción, unamos nuestras voces para nombrar una vez más a Rosa Julia, Indira Jarisa, Daria Dalila, Achley Gabriela, Yemmi Aracely,  Jaqueline Paola, Siona, Josselyn Marisela, Mayra Haydeé, Skarlet Yajaira, Yohana Desiré, Rosalinda Victoria, Madelyn Patricia, Sarvía Isel, Ana Nohemí, Ana Rubidia, Jilma Sucely, Yoselin Beatríz, Grindy Jazmín, Mari Carmen, Keila Rebeca, Kimberly Mishel, Nancy Paola, Estefany Sucely, Lilian Andrea, Mirza Rosmery, Ana Roselia, Grisna Yamileth, Melani Yanira, Luisa Fernanda, Daily Analí, Iris Yodenis, Candelaria, Milenie Eloisa, Celia María, Hashly Angelie, Sara Nohemí, Yusbeli Yubitza, Silvia Milexi, Yosselin Yamileth, y Wendy Anahí.

Unamos nuestras voces, nuestros pensamientos y nuestra energía, para que nunca más vuelva a ocurrir un crimen similar. Unámonos con una vela entre las manos para que, desde nuestra fe, podamos pedir por el descanso de las 41 almas; unámonos en sororidad con las madres y las mujeres que representan a cada una de las niñas. Unamos nuestra fortaleza por todas y cada una de ellas, como lo haríamos por nuestras hijas y hermanas.

Desde este espacio público y personal, yo rindo homenaje a las 56 niñas, y me sumo a las voces que seguimos exigiendo ¡JUSTICIA!, porque nunca las conocí, pero jamás las olvidaré.

Cintillo de Opinión

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