Pensamiento y lenguaje

Por: Freddy Poroj

Con relación al estudio de la lengua, reconocida por antonomasia como lenguaje, vale la pena reparar que es cualquier sistema de significación, es decir, aquella operación psíquica, cuyo propósito es sustraer conceptualmente la propiedad de un significante (imagen acústica), para entender el significado (concepto) convencional de este, en un contexto en específico.

Los seres humanos tenemos la capacidad de realizar este fenómeno psíquico, principalmente mediante el sentido del oído, que es el que percibe a la unidad compleja acústico vocal; es decir, el sonido como producto de un conjunto de vibraciones que se propagan en el aire. Pero, ¿Quién emite dicho sonido? En el acto de comunicación, el emisor. Sí, aquella persona que manifiesta su forma de pensar, sus sentimientos, ideologías, entre otras; mediante la palabra hablada con quien establece una conversación, el receptor. Vale la pena reparar que en la parte psíquica localizada en nuestro cerebro se denomina ejecutivo a todo lo que es activo (o sea, el centro de asociación de significantes y significados del emisor, al oído del receptor) y receptivo a todo lo que es pasivo (es decir, la información que se traslada del oído del receptor a su centro de asociación de dichos elementos).

En segundo lugar, luego que el receptor haya asociado aquél sonido (cadena fónica), con la idea que esta demanda, automáticamente se forma un signo en su mente y lo decodifica. Es allí donde justamente lo entiende y es impulsado a dar una respuesta a lo que escuchó. La necesidad que el receptor tiene de expresar una contestación, demanda un proceso fisiológico el cual consiste en que su cerebro manda un impulso correlativo a esa imagen acústica y no a otra, a los órganos fonadores quienes a su vez se vinculan a los de articulación para que suceda el tercer factor (proceso) del acto de transmisión de signos: el físico; de la boca del emisor, al oído del receptor.

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En este orden de ideas, lo que se explica es que, para que el ser humano piense en un plano de contenido, necesita el de expresión. No hay lenguaje sin pensamiento. Sería raro dar una respuesta de la nada a alguien. Sin embargo, sí podemos iniciar un proceso de comunicación con un simple “hola” (significante de cuatro fonemas) que llevan implícito, no solamente la función fática del lenguaje sino también, la idea de un saludo. No hay pensamiento sin lenguaje. De ahí el papel de los niveles de análisis lingüístico: material, formal semántico, textual y pragmático, donde el primero se encarga de analizar el componente del que está hecha la lengua: los sonidos, y para el estudio de estos surgen dos disciplinas auxiliares de la lingüística conocidas como fonética (estudia los sonidos del habla, es decir, la materialidad de los sonidos), y fonología (estudia los sonidos de la lengua, o sea, la articulación de los fonemas).

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Al final de cuentas, la praxis social deja evidencia que este proceso siempre ha estado presente, desde la adquisición del lenguaje. Y si hay variación de conceptos, es debido al principio de arbitrariedad del signo. “Entre todos los individuos así ligados por el lenguaje, se establecerá una especie de promedio: todos reproducirán – no exactamente, sin duda, pero sí aproximadamente – los mismos signos unidos a los mismos conceptos.” (1945:41).

Fuentes:

De Saussure, Ferdinand (1945). Curso de lingüística general. Editorial LOSADA. 24 Edición.

(Imágenes extraídas de: http://www.google.com)

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