A los catorce años

Ahora que se les acabo el amor y la plata para comprar regalos, quiero su atención.
“Durante 2017, los registros del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) revelan que 90 mil 899 niñas y adolescentes entre los 10 y los 19 años se encontraban en estado de gestación”, El Periódico

Hace algunos días escribí sobre los embarazos en adolescentes  Las patojas algunas personas reaccionaron porque en el desarrollo “ataco” a la iglesia; cuando en realidad solo ubico actores y responsabilidades.

Esto ya no solo es una deuda pendiente, ahora con las estadísticas que nos presentan se evidencian que por lo menos unos mil embarazos fueron producto de violaciones; ya que fueron embarazos de menores de catorce años, tipificado como delito de violación según el Código Penal, Artículo 173 y la Ley Contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas, Artículo 28.

Y aun así hay sectores que se oponen a dar educación integral en sexualidad. Los embarazos no ocurren por magia o regalo divino, son producto de diversos factores que vulneran a las niñas y adolescentes dejándolas en situaciones de riesgo.
El problema empieza cuando socioculturalmente los embarazos y la maternidad son roles establecidos a las mujeres. Pareciera ser el único destino de vida que pueden ejercer y quien no lo haga se convierte en la mala del cuento.

Y a los catorce años ¿es normal un embarazo? ¡No!, históricamente los embarazos se han naturalizado, seguramente nuestras madres y abuelas asumieron un embarazo desde muy jóvenes, tenían pocas opciones para decidir. Pero no, no es normal y un embarazo a esta edad se considera tortura, porque se produce en su mayoría sin información, sin consentimiento y con violencia.

“Un embarazo infantil forzado se produce cuando una niña queda embarazada sin haberlo buscado o deseado y se le niega, dificulta, demora u obstaculiza la interrupción del embarazo. El embarazo forzado puede ser producto de una violación sexual o producto de la falta de educación en sexualidad, o habiéndola tenido no pudiendo acceder a métodos de prevención de los embarazos y de anticoncepción de emergencia. En ambos casos hay responsabilidad de los Estados; en el primero, por no haber prevenido la violencia sexual contra las niñas y en el segundo, por no haberlas provisto de las herramientas necesarias para prevenir un embarazo, Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM)

Quedarse de brazos cruzados no es la solución, tampoco decir que Dios sabe porque pasan las cosas, la violencia sexual se puede prevenir, concientizar a las personas sobre sus derechos, contribuir a que las mujeres construyan autonomía. No dejar la responsabilidad total a las niñas y adolescentes, a ellas hay que cuidarlas, visibilizar a los agresores, desnaturalizar, eliminar la posición de poder y denunciar.

En alguna ocasión escuché de grupos conservadores manifestar que a las niñas violadas tenían que concluir el embarazo para saber quién es el agresor ¡qué horror! Esto es condenarlas, las niñas menores de catorce años y cualquier mujer tiene el derecho a decidir si desea continuar un embarazo, sea por las razones que sea, y más cuando el embarazo es producto de una violación.

Sí, hablo de interrumpir un embarazo, de forma segura, gratuita y legal. No podemos decidir por los cuerpos de las mujeres, claramente si no queremos tener abortos, hay que dar métodos anticonceptivos, abrir la brecha al acceso a información científica y laica, construir en equidad y con justicia mejores entornos para las mujeres.
¿Qué le toca ahora al Estado? Garantizar una reparación de estas niñas embarazadas, ubicarlas y atenderlas, no solo tenerlas como datos fríos, procesar al agresor, brindar atención para interrumpir o continuar el embarazo si así lo desea y decide ella. Insisto y pareceré loro y loca, urge Educación Integral en Sexualidad (EIS). La gente se asusta porque cree que al brindar esta educación se le alienta a la promiscuidad y al libertinaje, y para nada. Se promueven valores basados en la laicidad, el autoconocimiento, los derechos, la creación de planes de vida, la toma de decisiones asertivas y responsables, el retraso de su primera relación sexogenital, prácticas seguras sobre su sexualidad, mejora la comunicación, el ejercicio ciudadano y participación política y muchos temas más.
¿Qué más? El Estudio  Me cambio la vida   de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) presenta una ruta de intervención para atender los embarazos y uniones forzadas; que se encuentran estrechamente relacionadas, integrando acciones desde diferentes niveles basados con el modelo ecológico y de derechos humanos. Recomendaciones por niveles a lo nacional, comunitario, escolar y pares, familiar e individual.

Hablar de embarazos en niñas ya no es más un tabú, toca como país poner al centro a las niñas, pero no solo como un bonito eslogan de campaña partidista, aterrizar en cambios significativos que a su vez puedan vincular estándares internacionales de derechos humanos.

La invitación más allá de la lectura es que haga algo. Yo ya me quejé y estoy haciendo algo, hace días compartí con niñas y adolescentes de una comunidad de Livingston un taller de derechos sexuales y derechos reproductivos.
¿Qué aportes tiene?

¿Qué cambios propone?

Haga algo…

¡Ya!

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