Celular es a redes sociales como humano es a usuario

Cuando voy en el bus, camino en la universidad o estoy en algún lugar y veo reuniones sociales por doquier, soy testigo de una imagen perturbadora que nos hace ver como esclavos: lo idiotizados que nos vemos con el celular dejando de lado esas experiencias de seres humanos que no apreciamos por actuar como cyborgs.

He visto la indiferencia reinante entre nosotros los “humanos”, y parece inevitable que padre, madre e hijo se sienten a comer cada uno con una tableta en sus manos, chateando y perdiendo un tiempo precioso.

Ahora con la abundancia de redes sociales, hay mensajes pero no conversaciones reales con gente de carne y hueso. En serio, deberíamos ver nuestra mirada atontada al pasar con un toque los instantes “felices” de Instagram o Facebook y sentir que es imperativo tener una vida como nos la muestran. Damos pena.

¿Por qué dejamos que ese instrumento gobierne nuestras acciones hasta el punto de chocar contra un poste mientras caminamos y navegamos? ¿Es normal estar así, vivir así?

El cortometraje “Levanta la vista” del poeta Gary Turk, habla sobre las oportunidades de crear una convivencia armónica con los demás y que perdemos por ir viendo las actualizaciones de la página de inicio, ansiosos por que nos nos responden un mensaje y sufriendo de baja autoestima porque nadie le da like a una publicación.

“Toda la tecnología que tenemos, es sólo una ilusión de colectividad, compañía e inclusión, aún cuando te alejas de ese dispositivo de desilusión, te despiertas y ves un mundo de confusión. Un mundo en donde somos prisioneros de la tecnología que creamos…”, concientiza Turk en su filme.

Un tema que se menciona en el video y con lo que fácilmente podemos identificarnos, es la soledad o incomodidad porque sentimos que no hay nadie con quien hablar y entonces hacemos esto: sacamos el móvil y fingimos que chateamos solo para que vean que estamos ocupados. “¿Por qué no estirar los brazos y ver a tu alrededor en el lugar de ver tu lista de contactos?”, cuestiona el poeta.

Estamos en una sociedad a la que sinceramente le importa un carajo lo que acontezca. Hemos perdido el proceso comunicacional personal al convertirnos en una mezcla de estupidez, arrogancia e indiferencia, gobernados por un aparato “inteligente” que limita nuestra mentalidad, haciéndola más pequeña, inútil para tener un criterio propio, ese que nos hace únicos y humanos.

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