Hoy escribo algo diferente, un hecho para meditar…

Pelusa era su nombre de pila, desde niño le toco trabajar, estudiar y mantener a sus tres hermanitos.

 Su padre era un drogadicto y su madre una prostituta.

Vivía con la abuela “Yeyita” que era un ejemplo de mujer, ella vendía espumïllas por las noches,  en el cine Colon. Su esposo don Chema yacía en cama después de un derrame que lo dejo inmóvil para siempre y hasta la muerte.

Pelusa dejaba con la abuela  a sus dos hermanitos,  Juan y Carlitos , por las mañanas muy de madrugada iba  a la terminal acompañado de su hermanita Yamileth y compraba naranjas para vender con pepita sal y chile y además vendía el jugo con huevos de codorniz.

 Empezaban a vender a las cuatro de la mañana. Faltando 15 minutos para las seis dejaba a su hermanita vendiendo en la esquina del paraninfo,  él se conducía al Centro de Recuperación  y Dona Hortensia lo recibía con un beso en la frente.

La túnica roja y con una cubierta blanca le convertían en el monaguillo del Padre Cornelio, Pelusa salía junto al sacerdote desde la sacristía hasta el altar, repetidas veces el muchacho tocaba las campanillas y repetía todas las oraciones de memoria hasta el último amen.

Al terminar la misa dejando los hábitos, se bebía su taza de incaparína con leche que le preparaba Hortensia, una anciana maravillosa y amorosa que era como su tercera madre.

 Al salir del Centro regresaba a vender un rato más y luego guardaban su mesita y lo que quedaba, en la escuela de Medicina, allí el Doctor Bernardo les permitía dejar la venta sin costo alguno.

Yamileth desde muy temprano vestía de azul y blanco como la bandera y juntos se iban a estudiar a la Casa Central, un colegio de monjitas y padres paulinos. Una rutina que termino junto con el diploma que les otorgaron al concluir la primaria.  Los dos hermanos eran alumnos excelentes siempre fueron premiados con medallas y muchos honores hasta portar el pabellón en los lunes cívicos.

Al salir bajaban hasta el parque Colon y la abuela les esperaba con el suculento almuerzo. Luego Pelusa le llevaba los sagrados alimentos a su mamá, a su lugar de trabajo.

 Un cuarto oliente a creolina, a un lado de otros cuartos similares, mujeres de labios rojos y poca ropa,  con limones partidos en cruz y ramas de ruda con agua de semen a las orillas.

Pelusa esperaba que su madre comiera,  recogía los trastos de plástico y luego se despedía de ella, muchas veces interrumpido por un nuevo cliente que reclamaba su turno

El muchacho se tragaba la saliva por el cogote que se le hacía un nudo que lo ahorcaba.

Muchas lágrimas corrieron por su mejía, tantas veces al medio día, hasta que uno de tantos,    encontró a su madre muerta  en la cama, con muchas huellas como playa de verano, nadie supo quien la había apuñalado solo decían que el ultimo cliente había sido un pelón del ejército nacional.

De igual forma a la semana siguiente llego otra mala noticia, su padre había sido asesinado en la granja de Pavón, se rumoro que era un saldo de cuentas por drogas.

Para costa de males la abuela Yeyita enfermó con la muerte de don Chemita, y al mes de muerto el viejo también ella lo acompaño por la veinte calle, los enterraron uno a la par del otro, dicen que ella murió de amor y que ella lo que más extrañaba, era  el no poder comer en el mismo plato con su amado Chemi.

El día del entierro fue un 24 de diciembre, era una navidad tan triste para Pelusa y sus hermanos, el muchacho no tenía más lágrimas, se le habían terminado junto a la línea.

 Pasaron a la esquina del último adiós y se comieron un tamal cada uno, en la mesa se escuchó un suspiro como un viento recio que voló las servilletas de la mesa, Juanito con una voz suave replico:” estamos solos” Juanito al ver volar las servilletas se pegó una carcajada, Yamileth y Pelusa viéndose a los ojos, replicaron en coro: “saldremos adelante.”

Los tres varones se fundieron en un abrazo con la dama y repitieron juntos:” Saldremos adelante”

Vendiendo jugos en la escuela de medicina salieron adelante, Yamileth paso por la escuela de Belén y de Comercio donde se graduó de Secretaria Bilingüe. Luego se convirtió en una gran odontóloga.

 Carlitos y Juan  estudiaron agronomía  también en la USAC y hoy viven en Almolonga  la tierra de los frutos gigantes.

 Pelusa se graduó de médico y cirujano, se especializo  en cardiología.

Yamileth y Pelusa hoy viven en Francia y mi sorpresa fue que estaban de visita por Guatemala, y escucharlos fue una plática de levantamuertos. Yo les pregunte sobre su éxito y Pelusa resumió así:

 “No puedo juzgar a mis padres, ellos me enseñaron a ser diferente, la abuela Yeyita y el abuelo Chemita me enseñaron sobre la lealtad, Doña Hortensia fue mi verdadera madre, el padre Cornelio  me enseñó a jugar fútbol y a odiar la religión, pero a quien más agradezco es al doctor Bernardo que en paz  descanse, durante seis años me guardo mi venta en el paraninfo, pero más que eso me enseñó a amar la medicina y sobre todo a amar a la USAC”.

Pero hay algo más Yamileth es mi pareja inseparable, ella es quien más me ha ayudado y siempre me dice: “saldremos adelante”. Todos somos Sancarlistas.

Id y salgamos adelante.

 

Cintillo de Opinión

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