El alma que habita en dos cuerpos

“No hay soledad más triste ni aflictiva que la de un hombre sin amigos, sin los cuales el mundo es un desierto, pues vivir sin amigos no es vivir.” – Francis Bacon, filósofo y escritor inglés

Aristóteles decía que el hombre es social por naturaleza, lo que podría entenderse en que si el humano no tiene contacto con un semejante, entonces corre el riesgo de enloquecer porque para él comunicarse es una necesidad, una forma de escapar del ensimismamiento para enriquecerse del trato hacia los demás. De esta necesidad surge la amistad.

Una investigación que confirma el planteamiento del filósofo griego, es la realizada por la Universidad Brigham Young que en su portal web publicó que carecer de conexiones sociales es equivalente a consumir 15 cigarros al día y ser alcohólico; también es más dañino que no hacer ejercicio y el doble de peligroso que la obesidad. Es por eso que crear lazos fraternales es esencial.

Según un estudio hecho por la Universidad de Virginia, el cerebro humano está compuesto de empatía y amistad. El profesor James Coan, quien hizo la investigación, afirma que nuestro cerebro funciona de esa forma porque asocia a los que son cercanos a nosotros con nosotros mismos, lo que quiere decir que si el amigo atraviesa una situación de pánico, seremos capaces sentir algo similar.

La amistad es sin duda una de las relaciones más importantes en la existencia de cada quien. En internet hay diversas frases sobre ella, por ejemplo: “Los amigos son la familia que se elige”. No puedo evitar preguntarme la veracidad de ese dicho y si los nexos de amistad empiezan con el hecho de escoger a alguien sin siquiera pensarlo.

De acuerdo con la revista TIME en su artículo titulado: “Estudio revela que los mejores amigos tienen un ADN similar”, las Universidades Yale y California realizaron una investigación en la que comprobaron que los buenos amigos a menudo son parecidos genéticamente puesto que pueden compartir al menos el 1% de sus genes como si fuesen primos de cuarta generación.

Y no digamos los beneficios que otorga una buena amistad.

Quienes tenemos el grato regalo de tener amigos, liberamos una hormona llamada cortisol que reduce el estrés y la tensión. Otro dato curioso es que entre más sólida sea la red de relaciones sociales, existe el 50% de probabilidades de vivir más. Todo esto se explica en el artículo: “10 verdades sobre la amistad: qué dicen los científicos sobre estas relaciones”, publicado por el Huffington Post.

Un licenciado de esta Escuela dijo en clase: “No es lo mismo estar rodeado de gente que de amigos. Sean cercanos a sus amigos, de personas que los quieran”, lo cual me recordó a lo escrito en Proverbios 17:17: “En todo el tiempo ama el amigo y es como un hermano en tiempos de angustia”.

Así que todas estas investigaciones realizadas por profesionales pertenecientes a universidades alrededor del mundo, concuerdan en que la amistad es un bien para cada ser vivo; escribo esto porque también se da entre animales de igual y diferente especie, algo que está comprobado científicamente.

Uno de los mejores obsequios en la vida es tener amigos; amarlos, apoyarlos, ser sinceros y responsables el uno con el otro es la base de una amistad verdadera.

Estas letras las escribí pensando en todos mis amigos y amigas a quienes atesoro, pero en especial en mi amiga-hermana Ana Cecilia Díaz, quien es para mí lo que una vez dijo Aristóteles: “¿Qué es un amigo? Es una misma alma que habita en dos cuerpos”.

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