Hablemos de la Emperatriz de América.

Corrían los vientos decembrinos en un muy lejano año de 1531. Cuauhtlatoatzin se dirigía a la Iglesia de Tlatelolco a recibir sus clases de Catecismo, cuando en el Cerro del Tepeyac, se le apareció “la perfecta siempre virgen santa María, madre del Dios verdadero” y le encomendó solicitar al arzobispo franciscano Juan de Zumárraga la construcción de un templo en aquel lugar. Sin embargo, el obispo no aceptó la idea y a su regreso, la Virgen le pidió que insistiera ante el prelado. Éste le solicita a Juan Diego una “señal del cielo” lo cual se pone de manifiesto en la cuarta aparición cuando la misma Virgen le envía al cerro por rosas de castilla, las cuales coloca el indio en su tilma para luego presentarlas al arzobispo; cuando éste extiende el encargo en su presencia, se muestra la bella imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, quien se le había aparecido ya en cuatro ocasiones al indígena para mandarle a cumplir su pedido.

Se conservó en diversos templos construidos a pedido de la “Madre de Dios” dicha imagen hasta que fue depositada en la actual Basílica de Guadalupe, ubicada en la Ciudad de México, uno de los santuarios mas visitados en América Latina, por peregrinos de muchos paises, situación similar que se vive en Guatemala en la Basílica de Esquipulas.

En 1945 el papa Pío XII, le dió el título de Emperatriz de América, título que se sumó al de Patrona de México. Se dice que la emperatriz es aquella que gobierna sobre otros reyes, puede decirse que ella es la Patrona suprema del Continente Americano y las Filipinas, pues su devoción después de las apariciones se propagó por la Capitanía General de Guatemala, el Virreinato de Nueva Granada y el Virreinato del Perú, por el norte hasta la Alta California, el Territorio de Nootka, las Provincias Internas y el Territorio de La Luisiana, por el este hasta España, la Capitanía General de Cuba, la Capitanía General de Santo Domingo y la Provincia de La Florida; y, por el oeste hasta la Capitanía General de Filipinas y la Gobernación de Taiwán.

Cada 12 de diciembre todos estos lugares en la actualidad se visten de fiesta, con la celebración solemne de la “Morenita del Tepeyac”, justamente en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en la zona 1, miles de guatemaltecos se dan cita para venerar a la “Madre de Dios por quien se vive”, llevando a sus niños con los tradicionales trajes indígenas para pedir a la Virgen su bendición sobre los infantes y sobre cada una de las familias de guatemaltecos.

Guatemala es un país rico en tradiciones, y justamente con la tradicional “Quema del Diablo”  da inicio a las fiestas navideñas, las cuales prosiguen con la celebración de la Inmaculada Concepción y ahora con la de la Fiesta de la Virgen de Guadalupe, misma que da paso a las tradicionales posadas, con la cual ya es inminente la Navidad en nuestro pais.

Muchas familias siguen teniendo presente en su fe católica la devoción a la Virgen Maria en su advocación de la Virgen de Guadalupe, prueba de ello es que en muchos lugares de nuestro país lleva como patrona a la Virgen mexicana. Y también justamente en el marco de esta celebración, muchos artesanos y comerciantes se dan a la tarea de vestir a todos los infantes con el tradicional traje típíco recordando que a un hombre sencillo San Juan Diego se le apareció la Virgen en México. Tradición que no solo une a las familias, sino que también ayuda en los ingresos económicos a aquellos que se dedican a apostarse alrededor de los diversos templos guadalupanos a vender trajecitos y dejar para la posteridad un recuerdo con los improvisados estudios fotográficos en donde los infantes pueden montarse en un caballo o posar ante la imagen de la Virgen de Guadalupe, dado a que es bastante dificil ingresar hasta el altar mayor donde se resguarda la copia de la tilma expuesta en la Basílica de México.

Cabe recordar a mis amados lectores en esta Fiesta de la Virgen de Guadalupe, mantener siempre la mirada y confianza puesta en Dios, Aquel que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. Y no olvidar las palabras dicha por la misma Señora del Cielo a San Juan Diego en el Tepeyac: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?” En las diversas situaciones de nuestra vida, principalmente en un país donde las situaciones sociales y climáticas nos afectan cada día, es un aliciente muy hermoso acudir a aquella, que también es nuestra madre. A algunos humildes y sencillos, aún nos queda nuestra fe.

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