Lectura como madre de emancipación

La coherencia e integridad comunicativa de los textos permiten que los lectores tengan la capacidad de hilvanar escenarios mediante cadenas de artificios simbólicos, que van creando diversas emociones y sentimientos a lo largo de los capítulos o secciones. Pero logran adquirir sentido solamente si se toma partida de lo que se lee, es decir, si se participa de las reglas que el autor ha generado para que el mensaje pueda disfrutarse y ser comprendido.

Esta aventura es casi parecida, al hecho de abrir un diccionario para lograr entender algo que se desconoce, empero, al momento de hacerlo, no solo se entiende sino también se acepta una serie de significaciones o abstracciones teóricas que ya han sido establecidas convencionalmente en sociedad. En el caso de una obra literaria existe un cierto grado de complejidad, porque cada autor realiza un juego de palabras que dan vida a elementos de los cuales, su significado no está literal, no como en el caso del ejemplo anterior.

Lo que no se menciona, quiere decir que no se manifiesta superficialmente en el plano de la expresión, es decir, los significantes (palabras) utilizados para la exposición, pero precisamente son esos artificios que se escriben “entre líneas” los que deben ser descubiertos y analizados no solamente con la ayuda de la hermenéutica o la filología, sino también con las herramientas que brinda la semiótica. Pero volviendo al punto principal, ¿Qué es lo que da la capacidad de entender un texto?, la respuesta más inmediata podría ser: las competencias literarias que se tienen. Empero, es importante realizar un autoexamen y preguntarnos: ¿Qué tanto sabemos de determinado tema que se lee? ¿Cuánto hemos leído con relación al tema de interés? ¿Tenemos la capacidad de criticar y aportar? Claro, que esto no significa que no podamos incursionar en algún tema nuevo, porque todos tenemos la libertad de elegir e incluso empezar de “cero” algo que nos llame la atención, sin embargo no basta con la lectura de un par de libros, ya que esto podría llevarnos a pensar que con lo poco leído, ya dominados tal tema.

En “Lector in Fabula” se plantea que el lector es el encargado de actualizar el contenido de los libros a través de una serie de intenciones cooperantes, lo cual es muy válido. Y una de esas intenciones, considero, es realizar contraste de hipótesis, ya que esto siempre permite enriquecer una lectura con la posición o postura de otros autores; en este caso soslayar, se quedaría muy corto. Lo mismo se puede considerar con los noticieros y programas de información, ya que no es recomendable validar las interpretaciones de un solo medio; se debe tomar en cuenta el criterio del resto, pero también investigar por nuestra propia cuenta, si se tiene la posibilidad para posteriormente, compartir conocimientos alejados del rumor, pero también dejando la opción del beneficio de la duda. ¿Cuántas horas lee usted al día?Cintillo de Opinión

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