20 Azotes para ese “indio”

¡Tan salvajes esos “indios”! Así califican a las personas de las comunidades
indígenas del altiplano cuando llevan a cabo “la justicia ancestral”, ellos
argumentan que así es como arreglan ciertos problemas en sus comunidades.
Me refiero al castigo mediante azotes, que por costumbre y tradición la ejercen en
sus comunidades, como exhibir a las personas que han cometido un delito ante la
comunidad con un letrero en el cual se señala dicha falta.
Y como siempre, saltan los ignorantes a señalar a las personas y a calificarlas de
mil cosas, hasta las autoridades oficiales ponen denuncias en las instancias
correspondientes, así como también en la P. D. H para que se aplique la ley a
“esos salvajes”.
Primero hay que entender ¿por qué en esas comunidades de “indios salvajes” se
aplica ese castigo tan “severo y cruel”? Tenemos constancia en el escrito del
cronista criollo Antonio de Fuentes y Guzmán en su Recordación Florida, en
donde dice que a los “indios” (aquí se refiere a los habitantes nativos
precolombinos) para que no se pongan insolentes hay que tratarlos como les
gusta, “a la fuerza” y si hacen algo “malo” (como irse del pueblo al que fueron
reducidos) hay que azotarlos, solo 20 azotes para que aprenda.
Podemos constatar que a la población de “indios” durante la colonia, los abusaron
sin medida y que les enseñaron que así, por medio de azotes y humillaciones era
la forma correcta de impartir justicia.

El otro caso, el de las humillaciones públicas, también tenemos un ejemplo en una sociedad de primer mundo, en la justicia estadounidense, en donde el juez envía al culpable a que se exhiba en una vía concurrida con un letrero en donde consta su falta, para que todos vean el delito o infracción que ha cometido.
La pregunta que por obligación debemos hacer es la siguiente ¿Quiénes son los
verdaderos salvajes? Porque esas “salvajadas” fueron importadas por los
invasores y las siguieron ejerciendo los criollos y los “patricios” (así como a ellos
les gusta llamarse), entonces las consecuencias las miramos en esta época.
No cabe duda que esas prácticas no son las adecuadas en una sociedad en
donde hay juzgados para impartir justicia pero también tenemos que ser realistas,
en Guatemala no hay justicia y menos para los desposeídos.

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