De Soldado a “mojado”, The Américan Dream

Nací en un Cantón del municipio de Jutiapa del mismo departamento, un lugar del área rural donde al parecer, de niño lo tuve todo, pero a la vez, faltaban muchas cosas, recuerdo que siempre ha sido un problema la falta de agua entubada, decir potable, sería un lujo que no nos damos ni en las ciudades “desarrolladas”, por mencionar solo un problema de muchos que se tienen en La Lagunilla, (Vaya contradictorio nombre de un lugar donde lo que menos hay, es agua).

La pobreza en que vivía el 60% de la población en los años 80’s (seguramente el índice ya bajó a pura remesa), tiempo desde el cual tengo uso de razón, obligaba en aquel entonces a muchos niños adolescentes a “meterse” al Ejército, era como la moda. “Si no te vas al Ejército, no sos macho”, “los que estudian, son huecos”. Era común escuchar estas frases que repetían como cajas de resonancia los Comisionados Militares en su afán por cumplir bien su “trabajo”.

Así, muchos de mis amigos que salimos de 6o. Primaria, fueron “llevados voluntariamente” a la Zona Militar de la cabecera departamental, el siguiente paso, ya siendo soldado, era ir a combatir a Ixcán, Playa Grande Quiché, donde se libraban las más cruentas batallas con la guerrilla, regresar luego de tres meses, era como ascender en la estúpida escala imaginaria macho-militar que les hacían creer a los ahora, ya no simples soldados, “combatientes”. Irse a “La Pólvora”, en Poptún Petén a Sacar el Curso de Kaibil, era el siguiente paso y significaba alcanzar la máxima gloria.

Gracias a los esfuerzos de mis padres y mi hermano mayor, tuve una opción diferente, una oportunidad que muchos no tuvieron por la misma pobreza, seguir estudiando después de la primaria cursada en la Escuela Rural de dicho Cantón. Con mucho esfuerzo soy lo que soy y fue el camino correcto. Situación distinta vivieron muchos de mis compañeros amigos que a cambio, fueron enlistados en las filas castrenses, “voluntariamente” después de un lavado de cerebro en muchos casos, bien orquestado desde la cúpula hasta los Comisionados Militares.

El mayor problema, para muchos, vino después de cumplir el tiempo de servicio (3 años o más), al salir, se dieron cuenta que no tenían mayores opciones laborales, comprendidos en edades entre los 20 a 23 años, a quienes bien les iba, conseguían empleos como guardias de seguridad privada, otros por la misma necesidad ingresaron a la Policía Nacional Civil (PNC) y lo máximo, era ser aceptado en la Policía Militar Ambulante (PMA). Claro, el labrar la tierra, era cosa del pasado para muchos que a esas alturas de su vida, ya habían perdido la costumbre.

Pasaron los años y a finales de los 90’s, el tiempo se encargó de abrirle los ojos a muchos padres de familia sobre todo, y hacerlos entender que la mejor vía, el mejor camino para un mejor futuro, es la educación, se abrieron más y mejores oportunidades, las Universidades se propagaron por toda la cabecera departamental y ahora, el alcanzar un grado de Licenciatura o Maestría, ya no es cosa de otro mundo en mi querida Jutiapa, eso sí, esto último tampoco te garantiza que encontrarás un buen trabajo.

En este tiempo, también se dio otro fenómeno, la migración hacia Estados Unidos, un coyote cobraba entre 20 y 25 mil quetzales por llevarte hasta Maryland Washington DC, a donde llegaron los primeros paisanos. “Se gana bonito, en un par de años, hacés tu casa y salís de pobre”, era lo que se escuchaba. Muchos lo intentaron y lo lograron, la bonanza duró hasta antes de la última crisis económica en Estados Unidos de Norteamérica (2008).

Hoy la realidad es otra, “irse de mojado ya no trae mucha cuenta”, me dijo un coterráneo hace poco, ya no se gana igual, te cobran un montón de pisto los coyotes, si te agarran te deportan y aún tenés que pagar la deuda, el trabajo escaceó  por allá y si bien te va, ganás el salario mínimo que en muchas partes son $.8.00 (Dólares), la hora o menos. Que pistal, diría cualquiera, “si pero restale a eso el pago de la renta, la comida y los servicios que allá, si son caros”. Sentencia mi paisano.

La muerte recientemente de un menor de edad de una comunidad del Departamento de Sololá, en New York, es solo uno de tantos casos donde se refleja la triste y terrible realidad que viven muchos niños y niñas junto a sus padres en el país, desnuda la pobreza, el abandono y marginación a que han sido sometidos desde tiempos de la colonia, es una triste realidad que solo vemos cuando pasan estos casos, luego se nos olvida y volvemos a nuestro mundo de fantasía.

El ingreso “voluntario” en algunos casos, el reclutamiento forzoso en otros, al Ejército, como se daba en los Ochentas, al menos en mi pueblo, y la migración ahora de muchos guatemaltecos, incluyendo niños y niñas, tienen un denominador común, huir de la pobreza. Ese mal que no se terminará con demagogia barata de los gobiernos en turno, menos con políticas discriminatorias y opresoras por parte de los dueños de los medios de producción.

La situación mejorará, cuando entendamos que el recurso más valioso de un país, es su gente en la cual se debe invertir.

Cintillo opinión

 

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