Cuando un instrumento útil se convierte en un grillete

La simple idea de olvidar el celular en casa, es un pensamiento que la mayoría de nosotros no puede concebir.

Es un hecho que desde su invención en 1973, el teléfono móvil o cómo lo conocemos: el celular, se convirtió en una herramienta fascinante con sinnúmero de beneficios. Desde la primera llamada realizada por Martin Cooper, quien fuera en ese entonces Director Ejecutivo de Motorola, el dispositivo causó expectación entre todos los contemporáneos y sigue haciéndolo hasta nuestros días.

Parece ser que aquel artefacto creado originalmente para hacer posible la comunicación entre dos personas a largas distancias y sin necesidad de un cable, nunca deja de sorprendernos. De esta cuenta, las compañías de telecomunicaciones han construido imperios y los consumidores pretenden estar a la vanguardia comprando cada nuevo modelo que las fábricas les ofrecen.

Al mismo tiempo que se pagan cantidades exuberantes de dinero por obtener la versión más reciente, muchas veces se sacrifican necesidades básicas a cuenta de cumplir con una moda o presumir un nuevo teléfono.

Es cierto que el celular es una herramienta muy útil para el trabajo, los estudios y la vida social y personal en general; sin embargo, cuando compromete nuestra integridad se convierte en un grillete que termina controlándonos a nosotros y no nosotros a él.

¿Será entonces que “Ya no tenemos a un hombre que reina gracias a la tecnología inventada por él, sino más bien a un hombre sometido a la tecnología, dominado por sus máquinas.”?  Cito a Giovanni Sartori, en su libro Homo Videns.

“El inventor ha sido aplastado por sus inventos.”

Y no solamente lo he pensado, hasta lo he comprobado. Es en diversos escenarios donde el teléfono celular usurpa el protagonismo de una relación social: cuando todos se sientan a la mesa en un almuerzo familiar, padres y madres que dan sus celulares a sus hijos para que no lloren, en el transporte público donde todos revisan el chat, y en fin; donde sea que haya un tiempo de ocio.

Sin embargo, he visto también personas que le sacan ventaja a su dispositivo móvil: enviando correos laborales, cerrando negocios por medio de llamadas, estudiando o leyendo en el transporte público, descargando aplicaciones que facilitan sus tareas diarias, tomando cursos en línea, entre otras.

Según las estadísticas, el usuario promedio del celular, lo utiliza como mínimo cinco horas diarias. ¿Nosotros en qué las invertimos? Resalto que, para mí el problema no es el dispositivo, sino para qué lo empleamos.

Planteo que enriquezcamos nuestras relaciones sociales puesto que nos hemos convertido en personas incapaces de entablar una conversación en persona y hacemos a un lado la comunicación presencial (cara a cara) por la virtual.

Al fin y al cabo aunque el ser humano es un ser social por naturaleza (como nos lo repiten siempre en las aulas de la ECC): use menos el chat, enriquezca los vínculos que tiene con las demás personas y haga crecer su conocimiento haciendo uso de un dispositivo que tiene a su alcance: el celular.

Cintillo opinión

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