Iconismo como información hegemónica

En la nueva era de la información y la comunicación digital, la imagen ha adquirido un papel preponderante y esto porque, los medios de comunicación le han abierto privilegiadamente el camino para informar y entretener como una nueva forma de lenguaje. Es casi imposible ver o enterarse de algo sin que no haya una de singular tamaño. En semiótica, se ha planteado que las imágenes, no son más que construcciones hechas convencionalmente en sociedad con el propósito de transmitir ideologías.

Como seres culturalmente iconizados, es elemental conceder el aspecto eminentemente dinámico e inmaterial de las representaciones mentales de los signos fijados y creados en la sociedad de la imagen,  pero no por esto debemos renunciar al concepto definido técnicamente como investigación cognitiva de las abstracciones teóricas, que determinan el significado de cada una de éstas.

Para entenderlas en su amplio campo, existe una división diádica  que las califica como dinámicas y estáticas. En el caso de la primera, se explica desde una perspectiva descriptiva panorámica, con la intención de analizar su funcionamiento y extraer regularidades que sirvan como fundamento teórico-metodológico; en otras palabras, como una gramática visual por la adquisición del conocimiento icónico en sociedad. Es decir, existe una determinada realidad inmaterial que nos rodea que se abstrae al observar signos icónicos, y que a su vez la información que estos transmiten, llega a la retina del ojo, posteriormente al cerebro para ser procesada en parámetros de color, forma, movimiento, orientación (es decir, videos). Vale la pena mencionar que científicos del Massachusetts Institute of Technology (MIT), comprobaron recientemente que el cerebro humano posee la capacidad de procesar imágenes en su totalidad, en una velocidad de 13 milésimas de segundo.

Pero estas representaciones constituyen la base de percepciones de objetos externos, y no es correcto definirlas como imágenes fotográficas (es decir, “huellas” almacenadas psíquicamente), sino en relación con estímulos potenciales comparables a los externos que reciben las células perceptoras, gracias a nuestro sentido de la vista.

En cuanto a las estáticas, producen diversas sensaciones mediante códigos de reconocimiento que aparentan ser lo real, háblese de toda aquella publicidad impresa que lleva una carga sígnica (imagen y texto), que apela a la función conativa del lenguaje cuyo propósito es persuadir a la compra. Un ejemplo clave es el engaño del recién “Black Friday”, como producto de la homogenización cultural, que sirve únicamente cual estrategia de diseño y promoción del consumo de diversos productos que llevan, incluso, frases como “precios ridículamente bajos”.

En definitiva, la cadena publicitaria de persuasión-mente-consumo, es la representación de la cultura iconizada en sociedad, así como las tendencias de concentración monopólica de las grandes cadenas de almacenes que imponen infinidad de imaginarios simbólicos y formas de vida que responden al poder hegemónico de la globalización.Cintillo de Opinión

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