Tres décadas de una costumbre culinaria

Cualquier guatemalteco conoce lo que significa una pelota plástica roja, colgada en una ventana con un bombillo iluminándola, sí, es la señal de los tamales. Una costumbre que se observa los días sábados en las casas o negocios que los venden, pero en ocasiones este producto también se convierte en una forma de generar ingreso a para hogar.

Los conocidos tamales, es una comida típica, se come en todo el país y este es aprovechado por los miles de personas que los preparan esperando a que llegue el día y poder obtener ganancias de ello.

Este es el caso de doña Blandina Marroquín, vendedora de tamales en la zona 21 de la ciudad capital, quien todos los sábados los cocina y los pone a la venta en su casa.

Doña Blandi, como le llaman los vecinos, comenta que inició hacer tamales junto con su madre hace 30 años cuando vivían en San Marcos, “me vi forzada a aprender a cocinarlos porque no había trabajos, lamentablemente ella falleció, pero yo seguí con el negocio”.

Luego de 30 años de sostener su trabajo, doña Blandi cambió la receta, dándole un sabor único para que, a pesar de que muchas personas los ofrezcan, ella tener un sabor especial y muy casero para mantener a su clientela contenta con su sazón.

“Si uno quiere sostener un negocio debe invertir, aunque sea un gasto, pero es mejor tener un producto de buena calidad”, es lo que Marroquín explica del porqué ella utiliza ingredientes como el chile mexicano, chile mulato, entre otros que no mencionó para mantener su secreto.

Agregó que ella tiene la suerte de no verse en la necesidad de salir a la calle a ofrecer sus tamales, pues, las personas llegan a su casa y muchas veces realizan pedidos hasta con una semana de anticipación.

Para que a uno le vaya bien, debe encomendarse a Dios, porque sin Él, nada se puede hacer, hay que agradecer y pedir para que existan frutos; es muy importante que uno se esfuerce y le de amor a su trabajo, agregó.

De igual forma mencionó que a los clientes les gusta que exista variedad de productos, ella ofrece tamales de gallina, cerdo, pollo y pavo, a todos le tiene la opción de pedirlos con chile o sin chile.

Doña Blandina más que ser una vendedora se ha convertido en una gran amiga en su comunidad, las personas además de llegar a consumir se sientan a platicar mientras se despacha el pedido.

Así como una costumbre se vuelve en fuente de ingreso, el toque de la comida chapina también busca dejar la herencia en la cocina de los hogares guatemaltecos.

Por: César Pérez

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