Hablemos de la Primera Jornada Mundial de los Pobres

La Iglesia, como Cuerpo Místico de Cristo, se ha caracterizado por ser una Iglesia actual, presente en cada una de las realidades del mundo, en donde peregrina hasta la venida de Jesucristo.

A través de los siglos, por medio de los pontífices se han instituido diversidad de Jornadas Mundiales, que son ocasiones especiales en las que se les pone principal cuidado a una situación concreta de la realidad mundial, para reflexionar sobre ello y buscar soluciones que llevadas a la práctica pueden mejorar las condiciones de vida de la humanidad. Así surgen algunas como la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, de la Familia, de la Juventud, de las Misiones, de la Paz y últimamente el sucesor de San Pedro número 266 y actual Sumo Pontífice de la Iglesia Católica el Papa Francisco, ha promulgado la creación de la JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES, misma que se celebrará de este año y por los siglos el tercer domingo de noviembre, un domingo antes de la Solemnidad de Cristo Rey.

En esta jornada, el Papa Francisco exhorta a que nuestro amor no sea solo de palabras, sino de obras y cita textualmente al apóstol Santiago:

“¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? 

Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: 

“Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago”, y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta»” (2,5-6.14-17).

Una fe que debe ser demostrada, en el servicio a los más pobres, a los más necesitados. Una Jornada que lejos de los mensajes que puedan escribirse que conmuevan nuestra conciencia, deben llevar a la acción.

Es muy común en nuestra realidad nacional para no ir tan lejos, identificar incluso en la cuadra de nuestras casas a alguna persona necesitada, una persona pobre.

Y el papa en el mensaje para la institución de esta jornada identifica varias situaciones que han llevado a la gente a la pobreza. No debemos olvidar que nuestro país ha sido hundido en la miseria gracias a la ambición de algunos pocos que en su momento ostentaron el poder y se dejaron manchar por la corrupción, llenando sus bolsillos, saqueando el erario nacional y quien paga los platos rotos es la población, quien cada vez más sigue hundida en la miseria y tendiendo la mano para suplicar misericordia, clemencia, bondad. Ya en otra ocasión decía el mismo Francisco que quien lleva a su casa dinero ganado con la corrupción, da de comer a sus hijos pan sucio.

Esta jornada surge con el deseo de ayudar a los más necesitados. Y el papa comienza haciendo un almuerzo masivo en el aula Pablo VI del Vaticano a donde se les celebrará la Santa Misa a unos 1500 indigentes y pobres; y luego se compartirá con ellos un almuerzo donde comerá con ellos el pontífice. Aparte en algunas colegios y seminarios cercanos se atenderá a todos aquellos que no lograron llegar al Vaticano.

El papa también hace la invitación a que podamos socorrer a aquellos que nosotros tenemos cerca. Y no como un mero acto para tranquilizar nuestra conciencia, sino como decía la Santa Madre Teresa de Calcuta, debemos amar hasta que duela. Un amor que se traduce en ayuda, en socorrer a aquel que nos necesita, que toca nuestra puerta y pide caridad.

El papa hace ver claramente cómo cuando socorremos al necesitado, lo hacemos con el mismo Jesucristo y el mismo nos asegura que no quedará sin recompensa ni un vaso de agua que haya sido dado en su nombre.

La tarea para nosotros no es difícil, nos encontramos con la pobreza incluso como una situación que nos ha tocado vivir a nosotros en carne propia.

Y durante nuestra vida hemos encontrado manos amigas, personas que han se han puesto su mano en la conciencia y nos han ayudado en nuestras necesidades básicas. Recuerdo con especial cariño a don Benigno, un señor de mi pueblo que cuando nuestras cosechas no se daban e íbamos a comprar maíz para nuestra alimentación, a duras penas lográbamos conseguir dinero para comprar una arroba de maíz y su esposa con mucha cautela pesaba las 25 libras y luego agarraba un guacal y nos echaba nos medidas más. No se imaginan de cuan grande ayuda eran aquellas libritas de mas.

¿Alguna vez has invitado a algún indigente, pobre, limosnero a tu mesa?

En ocasión de esta celebración si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente.

Y es algo que debe motivarnos a hacerlo siempre. En nuestro país tenemos tantos pobres, que les aseguro que no se acabaran. Un gesto amable que de razones de nuestra fe, pero un gesto que puede cambiar al menos por un momento la realidad de muchos que sufren.

Demos gracias a Dios porque nosotros tenemos un empleo, un salario, una oportunidad para llevar el pan a nuestra mesa, y particularmente en este tiempo cuando la publicidad y el marketing nos llevan a desear cosas que no necesitamos, no nos olvidemos de los pobres, de aquellos que no tienen para comer, para el sustento diario, para vestir o calzar, un techo y una cobija donde dormir. Créanme que si los buscamos, vamos a darnos cuenta como a cada esquina hay un Cristo pobre, pidiendo misericordia. El que tiene y puede que de, sabemos que hay muchos que tenemos la posibilidad.

Este es el tiempo de la misericordia, esta temporada que se acerca es un tiempo de compartir, de dar y recibir. Aprovechemos esta ocasión en la Jornada Mundial por los Pobres para hacer feliz a una persona, si empezamos de uno en uno, poco a poco serán menos los necesitados y muchos mas los felices, la mano que da no permanece vacía. Se despide el papa hablando de las manos

esas benditas manos que se abren para acoger a los pobres y ayudarlos: son manos que traen esperanza. Benditas las manos que vencen las barreras de la cultura, la religión y la nacionalidad derramando el aceite del consuelo en las llagas de la humanidad. Benditas las manos que se abren sin pedir nada a cambio, sin «peros» ni «condiciones»: son manos que hacen descender sobre los hermanos la bendición de Dios.

Y esas manos, pueden ser las tuyas y las mías. ¡Feliz Jornada Mundial de los Pobres! ¡Felices los Pobres porque ellos heredarán la tierra! ¡Felices las manos del que da con alegría! ¡Felices tus manos y las mías!.

cintillo-de-opinic3b3n

  1. La pobreza es un asunto Estatal y no solamente divino.

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