Existir y consistir: la justificación humana

Cuando compartimos con alguien lo que hemos realizado, por lo general tendemos a justificarnos; el discurso que utilizamos versa en dar motivos o explicaciones de por qué hacemos o no las cosas, es decir, en qué consisten cada una de estas. Seguramente pretendemos aclarar nuestras intenciones o razones, empero, se convierten en justificaciones que pueden parecer excusas. Incluso, en ocasiones, las emitimos para quedarnos tranquilos con nosotros mismos.

Los hechos cotidianos, en alguna medida tienen una justificación que permite explicar el motivo por el cual pasaron o pasan situaciones que, para unos fueron o son de beneficio y para otros, simplemente obstáculos inminentes. Al igual que el devenir de la existencia de un sistema social, el ser humano, como ente generador de acontecimientos, se rige por fundamentos de los cuales la filosofía ha tenido mucho que aportar.

En el caso de la estructura del ser en el sentido existencial y esencial, se dice que reside en la sustancia misma. De manera que en ésta hay una dualidad: la de existir y consistir. La primera, es la realidad física que atribuye y apunta a la vida; es la que refiere a estar en el mundo. Sin embargo, ontológicamente responder a la pregunta ¿qué es el ser? es complicado, ya que lo único que se puede hacer es señalar quién es el ser y saber que se puede reducir a la dualidad arriba descrita, además que se encuentra, según Heráclito, en un perpetuo cambio.

En cuanto al segundo término, podría ampliarse que hay varias formas de consistir; principalmente porque no podemos saber quién consiste hasta no saber quién existe. Es decir, que cuando sepamos quién existe, diremos que todo lo demás existe en ese ser primero y por lo tanto, todo lo demás consiste. De ahí que surgen dos corrientes filosóficas (realismo e idealismo), para responder a este problema metafísico.

Pareciera que se habla de una disonancia cognitiva, pero en realidad, tiene que ver con el comportamiento de la sociedad ante diversos fenómenos que para muchos no tienen explicación, por ejemplo, la afirmación del derecho inherente a la vida de los seres humanos que se interpreta como inconsistente con relación a la pena de muerte. Es una situación paradójica porque si todos los seres humanos tienen derecho a existir, ¿por qué se justifica la consistencia de algunos?

Es por eso que para la corriente del realismo en el ámbito de la filosofía, la realidad de las cosas es lo primero y el conocimiento vienen después. Mientras que para el idealismo, sucede lo contrario. Una justificación planteada, implica en este sentido el pensamiento de lo pensado (valga el juego de palabras) que es lo inmediato; es decir, no necesita de intermedio alguno para estar en mi conciencia la más inmediata explicación. Acudimos entonces a lo primero que se nos ocurre, o sea al carácter denotado del significado. Es por eso que cuando pensamos en algo, el algo en que pensamos está, por decirlo así, más lejos de nosotros. Pero nuestro pensamiento de ese algo, en cambio, es lo que está más cerca de nosotros. Tan cerca que somos nosotros mismos pensando, por eso puedo llamarle: justificación inmediata.

Lo recomendable es estar seguros de nuestros argumentos y validarlos al momento de justificar algo; vale la pena insistir en el aforismo de Descartes que nos hace reflexionar “Je suis une chose quie pensé”.cintillo-de-opinic3b3n

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