Una vida más fácil

¿Qué pasaría si la vida fuera muy fácil? Si no hubieran altibajos y nos mantuviéramos en un punto neutro, una vida monótona… pues quizás nada tendría sentido, nuestra memoria histórica ya ha recaudado demasiada información variada y ha creado la realidad que cada uno percibe y la comunicación ha constituido la cultura de cada sociedad. Pero existe otra razón por la que la vida nunca será simple, y es nuestro más íntimo y primitivo instinto: el deseo de sobrevivir.

De forma individual, en el fondo solo nos importa nuestra vida, que estemos bien y no es malo, no es egoísta, ese es un concepto externo; es nuestra naturaleza. Aunque exista la empatía, esta solo podemos experimentarla si otro ser presenta características parecidas a las de nuestra realidad, porque existen datos para comparar, esto se debe a que la capacidad de empatía depende en gran medida de un desarrollo de la conciencia del yo.

Cuando alguien nos dice o hace algo que nosotros no hemos hecho con anterioridad o quizás sí y repudiamos tanto esa situación que al verla reflejada en los demás nos provoca recelo o porque no lo hemos experimentado la reprobamos. Es decir, no todo el tiempo somos empáticos.

“El ser humano es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace”, (Sartre, 1945). De esa concepción existencialista nace nuestra percepción individual del contexto (realidad) aunque nos desenvolvamos en una misma sociedad, una misma cultura, cada uno lo ve distinto.

De todo esto, se puede describir una de las razones por las cuales la vida nunca será algo fácil. Las guerras, la destrucción… todos los desastres físicos son provocados por las diferencias entre cada uno, porque impera solo el yo y no el otros. Y de todos modos, las ciencias, las tecnologías han sido fundadas por la idea de un solo hombre,  proviene de una conciencia, la visión de la realidad de un solo individuo, y la comunicación lo expande y se convierte en una idea para todos.

Por lo tanto, no tenemos conciencia colectiva, esta se compone por una conexión entre cada conciencia individual. En Guatemala, tenemos conciencia colectiva solo en casos de extrema controversia, de lo contrario permanecemos al margen de la situación, en nuestra zona de confort porque de todos modos necesitamos trabajar para el sistema y generar ganancias para poder sobrevivir. El compromiso del que surgen las movilizaciones sociales se genera en pequeños grupos, y en ese punto existe conciencia colectiva. De lo contrario con el tiempo nos olvidamos de los problemas que nos y los agresores del Estado aprovechan al máximo esa pasividad.

Además, todo esto se reafirma con la teoría de Aldous Huxley en “Un Mundo Feliz. El ser humano por mucho que se le advierta, se intente concienciar sobre ser críticos y racionales, es un animal que busca la distracción y el placer, y que por esa razón el sistema logra manipular a las masas, al menos a la gran mayoría. Porque siempre nos dejamos llevar, sobre todo, por lo que queremos nosotros mismos nada más. Dependiendo el grado de empatía, nos limitamos a analizar la contraparte de cualquier situación.

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