Momentos que marcan la existencia

 

Ciertas imágenes de la infancia se quedan grabadas en el álbum de la mente como fotografías, escenarios a los que, no importa el tiempo que pase, uno siempre vuelve y recuerda”.  – Carlos Ruiz Zafón, escritor español.

La niñez es la etapa mágica en la que no existen utopías; cada día es un arcoiris lleno de optimismo, esperanza y sueños. Para una mente desbordante de inocencia, no existe maldad ni intenciones ocultas, debido a eso, la infancia también es la época más peligrosa, porque un sólo hecho puede marcar el resto de la vida de un pequeño.

Con la violencia inmisericorde que deambula por las calles causando desgracias por doquier, los medios de comunicación al informar sobre delincuencia nos permiten ser testigos de un episodio impactante: padres que llevan a sus hijos, y a veces lo que es peor, con golosinas, a presenciar escenas criminales.

En una publicación de Prensa Libre del domingo 29 de octubre, me topé con una fotografía espeluznante: una niña de quizá cinco años sosteniendo un peluche y viendo fijamente hacia el cuadro de crimen, un niño de la misma edad jugando con su oso de felpa y una pequeña de unos dos años con una golosina y aferrándose a su madre; “jugaban en primera fila”, decía el periódico.

Descuido, ingenuidad y miedo son algunas de las connotaciones que traslada ese retrato, fiel a lo que desventuradamente forma parte de nuestra cotidianidad hasta el punto de que nos es indiferente. En toda escena de crimen, los primeros espectadores son los niños, y aunque parezca que están ajenos a lo que ocurre a su alrededor, su subconsciente no lo olvida.

Puede ser inevitable que un niño atraviese vivencias de esa magnitud, sobre todo por la coyuntura de violencia que afecta a nivel nacional, pero cuando son los progenitores quienes por morbo deciden presenciar un episodio de muerte y llevar con ellos a sus hijos, esa es una acción de maltrato psicológico que debiera ser penada por la Ley, porque experiencias así producen estragos en cada ámbito de la vida de un infante.

El portal web de Drugs.com, define al Trastorno de Estrés Postraumático en niños (PTSD), como una condición que puede presentarse después de que el niño ha sido expuesto a un evento traumático, especialmente si se han visto imágenes de muerte y sufrimiento.

Los síntomas que se derivan de ese tipo de alteración son: pesadillas, recreación del pasado, dificultad para tener relaciones interpersonales y prestar atención, depresión, miedo a separarse de sus padres, sentimientos como temor, culpa o rabia de forma repentina, extrema agitación o evasión.

Todo ello influye en las actividades diarias de un niño. ¿Cómo puede crecer sano un pequeño viviendo de esa forma, y más, si no recibe ayuda? Ellos son sensibles a lo que ven, y es por eso que los padres deben reflexionar sobre sus acciones para evitar todo aquello que dañe su integridad. Es aquí en donde entra el aspecto educacional y cultural de una persona.

Lamentablemente, este tipo de sucesos suele ocurrir en las áreas marginales del país, lugares en los que se reportan más hechos delictivos, en donde hay menos acceso a formación académica y donde los niños pasan más tiempo solos, o en ciertos casos, descuidados por sus familiares.cintillo-de-opinic3b3n

Sea como fuere, la estabilidad mental y la protección para los niños, debe ser una prioridad para sus progenitores.

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