Un día sin igual

Tenía tan solo 7 años, era apenas una niña, la mayor de 2 hermanos. En aquel entonces cursaba primero primaria, y no es por nada, pero me iba bastante bien, ya sabía el abecedario completo e iniciaba con la lectura, tuve muchos compañeritos y compañeritas que hacían amenas las horas del recreo.

Ese jueves recuerdo que mi madre llego por mí a la escuela como todos los días por la tarde, luego pasamos visitando a la abuela. Aquel 14 de agosto del año 2000 parecía ser un día normal, mi madre y yo nos encontramos en casa de mi abuela y el reloj apuntaba las 5:43 de la tarde. Transcurrió unos minutos más y todo continuó bien; a diferencia de mi aparato digestivo que pedía comida, una 7up en bolsa y unas galguerías de 50 centavos fueron más que suficientes para engañarme por un rato en lo que llegábamos a casa, o al menos eso era lo que yo esperaba.

Luego nos dirigimos con mi madre a nuestra casa, no habían transcurrido ni 4 minutos, después de ir tomadas de la mano hablando y ella diciéndome cuanto me amaba, cuando al cruzar la calle escuché lo que para mí fueron unos “cuetes”.

No logré escuchar más, en ese instante el silencio se apoderó de todo, ni carros, ni personas, ni siquiera al señor con altoparlante vendiendo plátanos en su picop; solo sentía a mi madre sobre mí, preguntándome una y otra vez si me encontraba bien. Yo estaba asustada, nunca había escuchado unos cuetes tan fuertes, no podía ver más que el suelo frente a mi cara. Lo último que escuché fue la huida de una motocicleta.

Como pude me levanté y lo primero que vi fue a mi madre sosteniendo con una mano su abdomen del que salía demasiada sangre, yo estaba aterrada y solo sabía que mamá no estaba bien; corrí como nunca, lo más rápido que pude, necesitaba contarle a alguien lo sucedido, mientras mi madre agonizaba en aquel lugar. Recuerdo claramente que mientras corría mis pensamientos no eran claros, no sabía qué hacer.

Afortunadamente no murió, y yo resulte ilesa. Un mes en cuidados intensivos por los 12 disparos que recibió y la pérdida de uno de sus riñones fue lo único que cobró aquel ataque armado, del que 17 años después nos recordamos y eriza nuestra piel como si hubiese sido ayer. Aún me sigo preguntando ¿Por qué sucedió?

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Dos mujeres se consuelan tras ataque armado (Foto: Saúl Martínez)

Guatemala es un país acechado diariamente por la violencia, presentando alto grado de homicidios en diferentes departamentos del país, en algunos casos niños presencian la muerte de sus padres e incluso resultan siendo víctimas de balas perdidas, quedando en estado delicado y en algunas situaciones peores, perdiendo la vida.

Según informe presentado por Jóvenes Contra la Violencia, de enero a junio de este año se han registrado 2,236 homicidios en todo el país, siendo los departamentos más violentos; Guatemala, Escuintla, Izabal y Petén.

En este medio año son 1,252 las víctimas registradas por ataques violentos, entre niños y jóvenes, siendo más vulnerable en este caso el departamento de Guatemala.

La Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) asegura que sí en caso los niños quedan huérfanos, ellos brindan apoyo psicológico y dan seguimiento para que el menor que se encuentre bien, velando que no se estén violentando sus derechos.

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La niñez guatemalteca se ve afectada por la violencia (Foto: Conciencia Guate)

Ilce Cuellar Almengor Licenciada en Ciencias Psicológicas y especializada en Psicología Social brinda su opinión profesional respecto a la ola de violencia que se vive en el país, específicamente cuando menores presencian el homicidio.

“El desarrollo psicoemocional de una persona es sumamente importante para tener armonía y sobrellevar acontecimientos difíciles que acaecen durante la vida mediante mecanismos sanos y positivos; la niñez es una etapa primordial para que este proceso se haga factible, si el entorno del niño no es propicio para mantener estabilidad física, emocional y psicológica, el infante tiende a adquirir conductas contrariamente inocuas, retraídas o inclusive patológicas, manifestándose hacia sí mismo y su ambiente”, indica.

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Escena del crimen en Zona 21 Guatemala (Foto: Berny Ortega)

Así mismo, indica que algunas de las secuelas que influye en la expresión de malestares psicoemocionales después de un hecho traumático pueden ser, la enuresis secundaria, introyección de pensamientos y valores negativos, disociación, represión, regresión, volverse contra sí mismo e imitación de tales acontecimientos, como estrés postraumático, entre otros, por ende es importante señalar que la infancia de cualquier individuo perpetua el bienestar de sus próximas relaciones inter e intrapersonales a lo largo de su vida.

Fotografía de Portada: Diálogos Guatemala

Tania VélizJennyffer Flores

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