El buen hábito de la lectura

La idea de leer está olvidada y empolvada; así como muchos libros en los estantes de sus propietarios.

Desde la preprimaria nuestros educadores están empeñados en enseñarnos a leer. A partir de los siete años, la lectura se instala como prioridad y necesidad que sin lugar a dudas, marca la pauta del aprendizaje.

Lamentablemente, con el paso de los años, leer ya no es un objetivo principal; de hecho, se convierte en una actividad que coadyuva al proceso de enseñanza-aprendizaje; sin embargo, entre más edad posee el estudiante, más se olvida de que leer es un medio para adquirir conocimiento.

La Dirección General de Investigación y Evaluación Educativa del MINEDUC (DIGEDUCA) muestra en los resultados de un estudio en los centros educativos, cómo el interés de lectura se reduce  en los estudiantes de diversificado, en comparación con los de primaria.

Con tal razón entonces el estudiante universitario se muestra apático a la lectura. Folletos de entre diez y veinte páginas le resultan un sacrificio más que un deleite. Mientras tanto yo me pregunto, ¿Dónde queda el hecho de convertirse el estudiante en autodidacta?

Un libro es un mundo con infinidad de posibilidades, interpretaciones y nuevos conocimientos. Para tristeza de muchos, no me refiero a “buen hábito de la lectura” a ojear revistas sin contenido o devorar páginas completas de historietas o cómics. Me refiero a la dicha de leer un ensayo, una novela clásica, una revista de ciencia, un reportaje; para los creyentes, su Biblia; y para los soñadores, un buen cuento, poema o fábula.

Comparto la idea con la Máster María José del Valle colaboradora del DIGEDUCA: “Desarrollar un hábito es un acto voluntario que a través de la repetición y motivación se puede lograr. Es importante que sea un proceso sistemático durante un tiempo prolongado hasta que se adquiere.”

Entonces, ¿Sería un error asociar el hábito de leer con el desarrollo? Mi respuesta es no, considero que entre más leemos, más conocimientos adquirimos y eso nos hace más aptos para realizar diferentes actividades ya sea laborales, estudiantiles, en áreas de las diferentes disciplinas o ciencias; o bien, para la vida cotidiana.

Con esto no quiero mostrarme a favor solamente de los libros, el lector es libre de elegir la plataforma que mejor le parezca; siempre y cuando se fije en la riqueza del contenido.

El tiempo que le dedicamos a la lectura también es fundamental; aunque comprendo que vivimos en una sociedad con un ritmo de vida cada vez más acelerado, no comparto el argumento: “No tengo tiempo”. Recordemos que somos nosotros quienes aplicamos nuestra propia disciplina; además, somos los más interesados y los número uno en ser beneficiados.

India, Tailandia y China ocupan los primeros lugares de los países donde sus habitantes dedican mayor cantidad de tiempo a la lectura. Según la agencia NOP World, emplean un promedio de nueve horas semanales para leer.

Notemos que: después de todo, mientras hacemos la fila en un banco no está prohibido leer un libro, que las bibliotecas no se hicieron para estar vacías, ni los libros fueron creados para adornar estanterías.

Cintillo de Opinión

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