La noche en la que se apagaron las esperanzas

Por Karla Monterroso y Darlin Trigueros

Sonrisas de personas, jóvenes y niños se convierten en gritos de lamento aquel 1 de octubre del 2015 provocado por un deslizamiento de tierra que cubrió sus rostros; convirtiendo el lugar en un cementerio fantasma.


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Casa abandonada en El Cambray 2 (Foto: El SancarlistaU)

El cambray II, el centro de la tragedia que dejó como resultado 524 personas afectadas durante lo ocurrido, un promedio de 280 personas fallecidas y 70 desaparecidas. Los gritos eran los más angustiadores de esa oscura noche, donde los sueños de muchas personas fueron enterrados.

Durante el gobierno del presidente Alejandro Maldonado Aguirre, se crea el proyecto Mi querida familia, el cual beneficiaría a las 181 familias afectadas durante el Alud en El cambray II. El proyecto ubicado en el kilómetro 22.5 de la ruta a Mataquezcuintla, San José Pinula aún no han sido entregada a los afectados.      

Ante el desastre varias organizaciones como la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, CONRED, y la Municipalidad de Santa Catarina Pinula han brindado declaraciones sobre lo ocurrido; y la responsabilidad se convierte en un juego de ping pong.

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Interior de una de las casas que tuvo que ser desalojada debido a la tragedia                             (Foto: El Sancarlista U)

 

El Cambray desde el año 1998 registraba pequeños derrumbes en otros sectores en áreas donde no estaba poblado. Así mismo el río se desbordaba afectando a los pobladores del lugar pues dicha colonia se encontraba dentro del cauce de un río por en medio de dos montañas. Justo en el año 2001 se tomó la decisión de publicar un acuerdo que daba a conocer que era un punto de riesgo e incluso fue el primer acuerdo gubernativo que salió publicado como tal, informa David de León vocero de CONRED.

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David de León Vocero de CONRED (Foto: El Sacarlista U)

 

El acuerdo puesto en vigencia el 2 de mayo del 2001 estipula la declaratoria de sectores de alto riesgo de las cuencas de Amatitlán, Villalobos y Michatoya. “En consecuencia en los sectores a que se refiere este acuerdo no podrá desarrollarse ni apoyarse ningún tipo de proyecto público ni privado, hasta que la amenaza u ocurrencia del desastre haya desaparecido”, pacta el acuerdo en el artículo 1, “se extiende a una distancia de 100 metros horizontales a cada lado de cada río, zanjón y quebrada existente”.

Las autoridades municipales son las encargadas de informarle a los pobladores del sector, después del acuerdo emitido por CONRED, varias personas aseguran que no fueron notificadas del riesgo de esa zona, lo que ocasionaría 14 años después la tragedia que sepultaría sueños y esperanzas.

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En lo que queda del Cambray II es común encontrarse con zapatos tirados (Foto: El Sancarlista U)

 

“20 años de tristezas y alegrías en familia, son los recuerdos que no podemos dejar en este lugar”

Sonia Ramos  

Sonia Ramos, vecina del sector, asegura que después de lo ocurrido la Municipalidad ha llegado en varias ocasiones a advertir a las pocas familias que quedan en el lugar, que la zona no está exenta a nuevos deslizamientos de tierra por lo cual ellos se niegan a desalojar sus viviendas, a tal acción la Municipalidad le ha hecho firmar una carta de responsabilidad, indicando los riesgos que tienen, desligando a cualquier autoridad de posibles tragedias.

Historias que se cuentan Solas

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Sonia Ramos vecina afectada del deslave en El cambray II  (Foto (El Sancarlista U)

Eran las diez menos cuarto del aquel 01 de octubre del 2015, cuando doña Sonia atendía a un joven llamado Carlos Pedroza de 16 años, quien su madre lo mando a comprar huevos para cenar con su familia, decisión que le cambiaria la vida.

Al ir caminando rumbo a su casa una energía cambió en su entorno y escuchó gritos que pedían auxilio; niños y ancianos se lograban escuchar a lo lejos pidiendo ¡Ayuda!. El  ambiente lleno de incertidumbre alarmó a todos los vecinos entre ellos Doña Sonia quien  salió corriendo al escuchar los gritos, “unos metros antes de llegar y ver aquel panorama desolador me encontré con doña Chicha, ¿Qué pasó? le pregunte asustada, no se me respondió y se encogió de hombros, -quédese acá que allí están los cables de la luz tirados-, la deje sentada, -vaya acá me voy a quedar- me respondió y seguí mi camino, al llegar al lugar de la tragedia los gritos de desesperación de las personas soterradas se escuchaban bajo mis pies, doña Chicha (la señora que me encontré) y su hija nunca lograron salir de su casa. Al enterarme aquello un fuerte frío recorrió mi cuerpo ya que había hablado con alguien que nunca logró salir, una persona que por años había sido mi clienta.”

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Román Yucuté, otro de los afectados del lugar (Foto: El Sancarlista U)

Román Yucuté Chávez, es agricultor, no tuvo hijos y tenía 10 años de vivir en el lugar. “Yo cuando vi estaba oscuro y dije de plano se fue la luz no sabía que había sido ese desastre, eso fue como a las diez menos veinte. Mi esposa se llamaba Herlinda Aragona teníamos más de 20 años de vivir juntos, ella fue a la primera que sacaron de la tierra.  Yo corrí a ver a mi familia, pero lo único que encontré fue tierra y más tierra, mi esposa y hermanas murieron en el alud, actualmente vivo en el sector no tengo a donde ir todo lo deje acá junto a mi esposa y hermanas.” Al referirse a las casas que el gobierno prometió darles, Yucuté Chávez mencionó que a finales de este mes le prometieron la escritura y que se le indicó que debía estarse comunicando constantemente para saber del proceso.

Teresa Pérez Arias de 90 años y su hija Saturdina Perez de 55 años quienes no cuentan con ayuda por parte del Gobierno ni sus familiares viven en las cercanías del Cambray, fueron unos de los primeros en darse cuenta de lo ocurrido, al darse cuenta un sentimiento de impotencia recorrió su ser al no poder ayudar a toda la gente que con desesperación buscaba a sus familiares y vecinos.

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Saturdina Pérez y Teresa Pérez, vecinas del sector (Foto: El Sancarlista U)

Pero no todo en el lugar se remonta a pérdidas humanas en el Cantón Victoria aún se encuentran personas viviendo en el lugar, entre ellos agricultores y finquero. “Llegue en 1979 junto con mi esposa aquí crie a mis hijos en mi terreno que antes de la tragedia estaba valorado en más de 2 millones de quetzales, en el cultivo de banano, al mes si me iba mal sacaba 100 racimos de fruta, ahora no logro sacar ni diez este era el sustento para toda mi familia y lo peor es que no lo podré heredar ni vender todos mis ahorros de años se quedaran acá junto a la gente en el cambray”

Mario Torres, otro de los afectados, actualmente llega todos los días al lugar a alimentar a sus animales ya que cuenta con un criadero de cerdos, el cual recién ocurrido el desastre no le permitían ingresar a alimentarlos a lo que las autoridades argumentaban que los dejaran morir, es mi capital mi modo de subsistir declara al recordar que ese día llego como siempre y en la noche ya se había desaparecido la colonia entera.

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Mario Torres vecino del sector (Foto: El Sancarlista U)

Tal y como en las películas, Cambray II se convirtió en un pueblo fantasma, las casas vacías y escondidas por el monte sólo muestran lo que alguna vez fue una comunidad feliz, y que en celebración del día del niño simplemente desapareció.

Fotografía de Portada: El Sancarlista U

Darlin TriguerosKarla Monterroso

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