Invisibles

El hecho de que no lo veas, no quiere decir que no existe.

Estamos tan aferrados a vivir en nuestra zona de confort y también estamos tan acostumbrados a dejar pasar los pequeños detalles. La vida transcurre a un modo acelerado hoy en día, la rutina acaba por atraparnos y vivimos prácticamente para nosotros mismos.

Hemos olvidado lo básico de la vida: nuestro deber es servir a los demás. De hecho, muchas personas trabajan en ello y se le llama “Atención al Cliente”; y ¿Qué creen? Es remunerado.

Resulta que ahora nuestros gobernantes desvían nuestra atención a cosas vanas y los medios de comunicación dan cobertura a su antojo y conveniencia, olvidando lo más importante: servir a su comunidad cubriendo temas sociales. Y eso no es todo, lamentablemente el resto de profesionales hacen lo mismo.

Se nos olvida que “El 46.5 por ciento de niños menores de 5 años sufre desnutrición crónica” en nuestro país, afirmación del secretario de Seguridad Alimentaria y Nutricional, Germán González, en una nota informativa publicada por Prensa Libre a principios de este año.

Mientras nosotros disfrutamos de una deliciosa cena en nuestra abrigadora casa urbana; el 59.28 por ciento de la población vive en pobreza, según las estadísticas presentadas por el Banco de Guatemala en 2016.

Otros tenemos la fortuna de saber leer y escribir; y aún más, de ir a la Universidad de San Carlos invirtiendo una cifra relativamente baja debido a la ayuda que los guatemaltecos hacen pagando sus impuestos.

Recordemos que casi la cuarta parte de la población en nuestro país es analfabeta, dato que arrojan las encuestas de 2014 presentadas por el Banco de Guatemala.

Si a nosotros mismos que somos miembros de una misma patria no nos interesa la sociedad, me pregunto pues ¿Qué solvencia tenemos de exigir que nuestros gobernantes (a aquellos a quienes llamamos padres de la patria) se interesen por subsanar los problemas que nos aquejan?

Con esto, por supuesto, no pretendo suprimir la responsabilidad de quienes dirigen nuestro país por decisión nuestra. Se trata de hacer conciencia de que somos afortunados de vivir en condiciones socialmente aceptables y que podemos tenderle una mano a quien lo necesita.

No significa que debamos ser necesariamente “ricos” para suplir la necesidad de otro. Propongo que iniciemos desde nuestras comunidades, seguramente alguien necesita aprender a leer, quizá tenga necesidad de un plato de comida o que le regales un suéter en tiempos de frío.

Porque el hecho de que vivamos inmersos en el día a día, no significa ique las cifras no existan. No nos excusemos pensando que alguien más está trabajando para reducirlas y empecemos por cambiar nuestra manera de pensar.

Cintillo de Opinión

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