Agentes de seguridad privada, explotados y olvidados

Jamás en la historia de Guatemala, ser agente de seguridad era tan fácil como ahora. Antes, uno de los requisitos que buscaban las empresas de seguridad para contratar personal, era haber prestado el servicio militar; por la disciplina, el manejo de armas y por el conocimiento en seguridad. Hoy, suficiente es estar desempleado, con los antecedentes limpios y con ganas de comer, para formar parte de los casi 100 000 que se dedican a uno de los trabajos más peligrosos que existen.

Los altos índices delincuenciales en que vivimos, a pesar que la Policía Nacional Civil hace la lucha; han hecho que formar una empresa para prestar servicios de seguridad, sea un buen negocio y un mal necesario; que bien o mal, da trabajo a muchas personas, principalmente a gente de pueblo con bajos niveles educativos o que se han cansado de ser explotados en las fincas guatemaltecas, donde el terrateniente hace lo que le da la gana, como ha sido costumbre desde hace siglos, en las fincas cafetaleras, algodoneras y tabacaleras de este país.

Otros han emigrado a la ciudad, porque ya la tierra no produce el maíz y el frijol, como sucedía hace unos 30 años atrás, como consecuencia de la contaminación ambiental, que es el pan nuestro de cada día en nuestro país. El resultado final, es que muchos campesinos resultan integrándose a una empresa de seguridad, aunque no tengan el más mínimo conocimiento en el manejo de armas y en seguridad.

Si algo positivo tienen la gran mayoría de empresas que prestan servicios de seguridad en Guatemala, es que no discriminan a la gente por la edad, es común ver a personas de la tercera edad y a muchos muchachos cuidando una tienda de barrio. Como por ejemplo, en Villa Nueva, donde abarroterías, tiendas de barrio, ferreterías y librerías son custodiadas, a cualquier hora, en uno de los municipios de Guatemala, que está considera como uno de los más violentos de Guatemala a causa de las extorsiones.

Lo negativo de muchas empresas, que prestan los servicios de seguridad es el salario de Q 1,800 quetzales, (el patrón cobra hasta Q 6.000 por agente), o sea no pagan ni el mínimo; tampoco dan las prestaciones de ley a sus elementos, otra es que descuidan la presentación de sus elementos, por eso es común ver a algunos agentes con las botas y uniformes rotos; además en muchas ocasiones el revolver 38mm. se encuentra oxidado y el garrote despintado.

Sin duda alguna, los empresarios de este negocio, deben preocuparse más por la imagen de sus elementos y por su seguridad; no puede ser posible que grandes embotelladoras de aguas gaseosas y de bebidas alcohólicas con tanto poder económico permitan, que los dos custodios que cuidan los camiones repartidores, anden sin chalecos antibalas, eso es, ponerlos de carne de cañón.

Tampoco es justo que los dueños de las empresas de seguridad, que le brindan protección a quienes retiran el dinero de los teléfonos monederos, toleren que los agentes trabajen con mocasines en vez de botas, ese calzado tipo sport o casual, no garantiza un buen accionar a la hora de una emergencia.

Pareciera también que muchos empresarios de la seguridad no tienen o no les interesa tener un buen departamento de Recursos Humanos, y así seleccionar bien al personal para que cumpla la tarea como debe de ser. La falta de una buena selección de recurso humano, ha tenido como consecuencia agentes caídos en el cumplimiento de su deber, o bien elementos que han matado gente inocente, por no saber manejar bien los momentos de tensión.

La mala selección de personal no es de hoy, es histórica. Cómo olvidar la muerte de gente inocente. Retrocedamos el tiempo, para ser exacto en 2,000, en ese año, el reportero gráfico de Prensa Libre, Roberto Martínez, murió a causa de un escopetazo, disparado por el guardia Gustavo Adolfo García.

Esa tarde el reportero toma fotografías de una protesta en contra de la Municipalidad de Guatemala, que en ese tiempo era dirigida por Fritz García Gallont, el descontento era porque la autoridad municipal había autorizado el alza al pasaje del transporte urbano, ese fatídico día los manifestantes saqueaban negocios, lamentablemente en ese momento el seguridad de la venta de Repuestos Kars de la 7ª. avenida de la zona 1, no fue capaz de manejar la presión del grupo de inconformes y accionó su arma.

Años más tarde, llegó la maldición una vez más a la 7ª. avenida, cuando un esquizofrénico cuidaba una farmacia, en esta ocasión murió una empleada de la municipalidad capitalina, como consecuencia de las balas disparadas por el jutiapaneco, Mynor Gustavo Tenaz, que en algún momento de su locura imaginó que la trabajadora municipal quería asaltar las instalaciones del negocio.

El resultado de esta tragedia, es que hoy el enfermo mental vive recluido en el Hospital de Salud Mental Federico Mora y el dueño de la empresa de seguridad fue condenado por homicidio culposo y por prestación ilegal de servicios de seguridad.

Es momento que el Ministerio de Gobernación y la Gremial de Empresas privadas, se preocupen más porque los agentes de seguridad privada reciban un trato más humano, no deben permitir que empresarios aprovechados guatemaltecos se sigan enriqueciendo explotando y abandonando a quienes les producen el dinero. Ahora es cuando le tienen que poner un alto a muchos capitanes y coroneles retirados del Ejército, y hacerles entender, que los tiempos de aprovecharse del más débil, a través del miedo, la manipulación y las armas, pasó de moda.

Ojalá algún día, toda la seguridad privada de nuestro país fuera como la de los guardias de varias agencias Banrural de la zona 1, donde se nota a leguas, que pertenecen a una empresa bien organizada.

Cintillo de Opinión

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