El ayer y el después de la Revolución de Octubre

Por: Luis Fuentes

La lectura vertical del 20 de octubre, día de la revolución, nos señala el derrocamiento de uno de los dictadores más feroces de la historia de nuestro país; la horizontal nos expresa la unidad sin precedentes de diversos sectores de la sociedad: obreros, profesionales, campesinos, militares honestos, estudiantes, maestros y muchos guatemaltecos deseosos de una Guatemala democrática e incluyente.

Para comprender el presente es necesario conocer y responsabilizarse con la historia de nuestro país, de allí que, si aspiramos a tener y aportar para la construcción de otra Guatemala, debemos darle una leidita a los acontecimientos que antecedieron a aquel 20 de octubre y a los factores que incidieron en el mismo.

La gesta revolucionaria significó la finalización de ostentación del poder político por 73 años del Partido Liberal de Guatemala -PLG-, conformado por una facción de la oligarquía guatemalteca. La otra conformada por los conservadores (afines a la iglesia), lo hizo desde antes de la independencia política de Centroamérica de España, hasta 1,871. Lo común de ambos bandos, fue la acumulación, el arrebato y el enriquecimiento avorazador a costas de la mano de obra de campesinos y obreros.

Las semanas previas a la renuncia de Ubico en junio y el derrocamiento del triunvirato militar dirigido por su subalterno, el General Ponce Vaides, el 20 de octubre del 44, fue la acumulación de una fuerza popular, que no se vio antes y no se ha visto después de la gesta revolucionaria. El gobierno de Ubico y de los liberales en general, que se distinguió por la defensa de los intereses de los terratenientes y de los monopolios extranjeros, fue la principal motivación de la indignación y de la unidad de diversos sectores, incluso algunos antagónicos (como estudiantes universitarios y militares).

Y no era para menos, esas más de siete décadas de gobiernos liberales conllevó beneficios que promovieron el nacimiento de poderosos grupos económicos y el fortalecimiento de otros. A finales del siglo XIX, en pleno apogeo de la mal llamada revolución liberal -que no fue otra cosa más que el traslado del poder de una parte de la oligarquía a otra-, se le otorgaron exoneraciones por muchos años de impuestos para la importación de maquinaria y materias primas a la naciente industria guatemalteca (aló Cervecería, aló Cementos Progreso y otros). Otros pagaban por tales importaciones entre el 50 y 129% de impuestos, el objetivo fue desestimular la industrialización nacional y depender del comercio proveniente de España y otros países europeos. Ello condicionó el desarrollo económico de Guatemala.

También la ausencia de regulaciones y obligaciones tributarias benefició a la inversión extranjera que monopolizó el transporte terrestre de costa a costa con la International Railwayas of Central America -IRCA-, la producción y distribución de electricidad concentrada en la Electric Bond and Share Company y la producción bananera por medio de la United Fruit Company -UFCO-, con el otorgamiento de miles de hectáreas de tierra para la producción bananera.

La trilogía responsable del atraso y la miseria de nuestro país, se complementa con la continuidad de beneficios a grandes terratenientes, especialmente a los azucareros y cafetaleros, con leyes como la: “Ley Contra la Vagancia”, que obligaba a los campesinos, sin tierras propias para trabajar, a prestar servicios sin paga en dichas fincas.

La Revolución de Octubre marcó un cambio radical en la historia política del país, la Constitución que entraría en vigencia en 1,945, tendría como enfoque central en TRABAJO y EL TRABAJADOR: se fijan las jornadas de trabajo, el derecho de sindicalización, el salario mínimo, el derecho a la huelga, la regulación del trabajo de mujeres, entre otros. Esto se complementaría el 1º de Mayo de 1,947, con la entrada en vigencia del Primer Código de Trabajo, que regularía en detalle las relaciones de trabajo.

Otros beneficios sociales nunca antes vistos aflorarían en la Nueva Guatemala: el nacimiento del IGSS, la autonomía universitaria y municipal, el derecho de voto de la mujer. En diez años, los cambios para la democratización del país ubicarían al ser humano en el eje de los planes de trabajo.

El esfuerzo por construir la democracia sobre bases de igualdad e inclusión, tendría consecuencias nefastas 10 años después, una confabulación de los sectores más reaccionarios vinculados al poder económico, político, religioso y militar y, la participación de la CIA en su primera incursión intervencionista daría cara vuelta a esa “primavera democrática, en el país de la eterna dictadura”.

Los acontecimientos posteriores a la Revolución de Octubre han marcado un profundo retroceso, el oscurantismo ha reinado a partir de esa fecha para trabajadores, mujeres, campesinos, indígenas, profesionales, niñez, mujeres y todo aquel guatemalteco ansioso de una Guatemala como proyecto de nación. El ejército se ha constituido en un instrumento sanguinario y celoso guardián de esos egoístas intereses, que hoy día tienen empobrecido al país, una realidad vergonzosa con los peores indicadores sociales de la región, que debe de llamarnos a desarrollar con sentido colectivo e histórico acciones para avanzar en la construcción de la Guatemala, como la que reinó de 1,944 a 1,954.

A partir de 1954, la contrarrevolución implicó profundos pasos hacia atrás; la práctica más deshumanizante de la exclusión, la marginación, la discriminación y por ende, la negación de derechos de las mayorías indígenas, campesinos y trabajadores en general.

Ese después de la primavera democrática, caracterizados por 31 años de dictadura militar y 32 de gobiernos “civiles”, han administrado la cosa pública en beneficio de unos pocos y ha implicado el surgimiento de nuevos grupos económicos, los nuevos ricos, caracterizados por una mezcla entre buena parte de la jerarquía militar, mayor presencia de capital transnacional y el crimen organizado; y los viejos ricos, de la rancia oligarquía más fortalecidos por la placidez y continuidad de beneficios que le brindan los distintos gobiernos.

Hace falta dejar la nostalgia y retomar la acción, hay movimientos inspiradores que han empezado a tener presencia y a generar, aunque tímidas, pero ya hay propuestas para la reconstrucción nacional; el desastre y la tragedia prevaleciente nos llama a retomar los principios que inspiraron a grandes estadistas como Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz, dirigentes de los diez años que revolucionaron a Guatemala, de otros como Manuel Colom Argueta, Mario López Larrave, Alaide Foppa, Santiago López Aguilar, Oliverio Castañeda de León, Silverio Ortiz, María Chinchilla, Antonio Obando Sánchez y miles de guatemaltecos que han entregado su vida por la causa de una Guatemala democrática y humana. La agenda está abierta, la acción nos llama.

Cintillo de Opinión

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