Democracia, el poder ignorado

Mucho se ha hablado sobre soberanía, el artículo 141 de la constitución indica que en Guatemala la soberanía radica en el pueblo quien la delega, cumpliendo la directriz de “Democracia (poder del pueblo)” ¿Qué sucede cuando el delegado no cumple sus funciones? En una sociedad, como lo indica la etimología, todos los que la integramos somos socios, y en una sociedad mercantil la eficiencia de la cúpula administrativa se evalúa constantemente.

En Guatemala se ha normalizado en sobremanera la corrupción, la circulación de capital en nuestra economía depende muchas veces de la sobrepoblación de plazas estatales y la ejecución de proyectos sobrevalorados que inyectan dinero a la economía nacional. Esta dependencia a la corrupción crea bandos que quieran conservarla para la estabilidad del país.

Cuando la sostenibilidad del país depende del sistema actual, una lógica utópica no puede ser comprendida, y las ideas progresistas son motivos de burla y son descartadas constantemente. De esta manera el poder del pueblo está dividido, polarizado y minimizado por las grandes élites que utilizan la táctica ancestral de “Divide y vencerás”.

El pueblo aún no sabe el poder que tiene, no sabe el papel que puede desempeñar en la construcción de un mejor país; los sectores dominantes han creado en el imaginario social una atmósfera de pobreza y dependencia, con estrategias mediáticas promueven la aceptación de las decisiones de estado. Tenemos una agenda política que promueve la aparente “pobreza extrema”  para muestra un botón es lo que muestra el reportaje de UFM Trends market , donde se demuestra la alteración de los precios de la canasta básica colocando a la situación económica de Guatemala a la par de Haití, Zambia y Burundi.

¿Por qué una agenda política se dedica a modificar el imaginario social? La polarización social es indispensable para que el DEMOS se sienta invalido, y la nación siga delegando su poder en personas con criterios ajenos al interés público.

Nuestro país está dramatizando la historia de David y Goliat, donde día a día el gigante filisteo se acercaba a las masas israelitas retándolos a un duelo uno a uno, está claro que, si el pueblo de Israel hubiera entendido el poder de actuar como pueblo y en sociedad, Goliat no hubiera sido una amenaza, lo malo es que el gigante establecía las reglas del juego.

De esta manera, el intelecto de nuestra sociedad es burlado constantemente con estrategias de comunicación, diseñadas para no poder ver más allá, aceptando el régimen conservador donde la plutocracia y la dedocracia opacan la meritocracia y la democracia.

La única forma de construir un mejor país es aceptando nuestro poder como socios, socios que ponen las reglas del juego, quizás no podríamos contender uno a uno con el gigante burócrata, pero el pueblo es un gigante aún más grande.

Cintillo de Opinión

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