¿La crisis de la clase política o la política en crisis?

Entendemos que política, es una rama de las ciencias sociales, la cual se ocupa de la actividad, en virtud de la cual una sociedad libre y organizada, compuesta por personas libres, resuelve los problemas a los que se enfrenta para su convivencia colectiva, siendo su fin un qué hacer ordenado al bien común. Muchos años atrás un filósofo griego nos decía que el hombres es un “animal político” un “Zoopoliticón”; dado que le es posible a diferencia de los animales crear sociedades, convivir en ellas así como organizar la vida en sociedad. Sabemos que es un ser social que no puede vivir solo, aislado; necesita de los demás para poder sobrevivir.

Es necesario hacer esta introducción debido a que para muchos guatemaltecos el ejercer la política, es un derecho reservado a algunos pocos; así como también según las palabras de un ex candidato a la presidencia, para los guatemaltecos el ser político es sinónimo de ser “ladrón, mentiroso, corrupto, pajero, transero, traidor, coche, maldito.” Pero ¿Qué nos lleva a tener este concepto de una de las ciencias que debiera velar por el bien común? Quizá para el guatemalteco común no es difícil responder esta pregunta.

Algunas personas han encontrado en el ejercicio del poder la oportunidad de volverse ricos de la noche a la mañana; de ostentar el poder y/o llevar la batuta en sus distritos o municipios, de lograr beneficiar a parientes, amigos y simpatizantes. Han visto en el dinero del pueblo administrado por el gobierno un botín a donde quien quiera puede llegar y vaciarlo, pues la corrupción en nuestro país es “normal”.

Es por ello que muchos candidatos son capaces incluso de empeñar su alma al diablo, con el fin de lograr un puesto en la papeleta, una candidatura en “x” partido; pues están seguros que luego de haber ganado un puesto de elección popular, podrán recuperar la inversión y además llenar sus bolsillos y adueñarse de todo lo que tengan a su alcance.

Pero ¿y el bien común? Según las declaraciones que se han ventilado en los diversos juicios por casos de corrupción en políticos, vemos como descaradamente se usó dinero del pueblo para otros fines, dinero que bien pudo palear la desnutrición en algunos municipios de Guatemala, mejorar la educación, la atención en los hospitales. Pareciera que el dichoso bien común, es solo un escrito en letra muerta en nuestra Constitución.

Sin embargo es loable el trabajo de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala en conjunto con el Ministerio Público, quienes se han dado a la tarea de presentar pruebas, acusaciones y pedido de antejuicios, contra personajes políticos al servicio del pueblo de Guatemala, quienes han olvidado sus promesas de campaña y vendiéndonos una imagen de mansas palomas, han convencido al tan cansado pueblo para que fueran puestos en el poder. Algunos se rasgan las vestiduras diciendo que es una persecución política, que la justicia está parcializada. Sin embargo hay reconocer que es admirable que estos administradores de justicia hayan empezado por algo que ni en sueños creíamos posible pudiera llegar a suceder, pero que ahora es una realidad.

El pueblo de Guatemala se ha levantado a manifestar su rechazo e indignación, pues debemos reconocer que somos los más jodidos. Algunos tenemos empleo y da coraje ver como a nuestros salarios llegan los famosos descuentos de impuestos que debemos tributar, algunos dirán que tenemos que quedarnos callados, pues no aportamos al país; sin embargo desde que compramos un chicle, una libra de azúcar, un quetzal de pan; ya es dinero que aporta impuestos al presupuesto del Estado. Entonces si tenemos derecho de salir a la calle a gritarle a los políticos que no se roben nuestro dinero, que no nos quieran convencer que la corrupción es normal. Es como tratar de decir que el SIDA es normal y que nos conformemos, porque nada podemos hacer por pararlo.

¿Podríamos decir que la política está en crisis? Es probable. Es bastante alentador levantar los ojos al cielo y darnos cuenta que Guatemala está cambiando. Que las redes sociales son el principal motor del Cuarto Poder. Que a pesar que la televisión nacional se ha vendido para encubrir y desinformar a la nación, habemos muchos que nos informamos por los medios no tradicionales; que la juventud está cambiando y se ha sumado para pedir una Guatemala diferente. Y sí, la política tal como la conocemos está en crisis. Y poco a poco si los guatemaltecos nos unimos podríamos lograr su extinción.

En alguna ocasión escribía en el muro de facebook de una ex candidata presidencial que si ella estaría dispuesta a gobernar el país, por puro “amor a los guatemaltecos”, amor que la había llevado al divorcio para ser elegible; aceptando que de ser electa gobernaría ad honorem o por el sueldo mínimo, pero luego de darme varias largas en sus comentarios y de que mi comentario había sido secundado por muchos seguidores, terminó bloqueandome en su muro. ¿No sería genial una clase política por amor al bien común? Donde ser llamado a conformar un gabinete, un puesto de gobierno, un escaño en el Congreso, sea motivo del más alto honor; aquel que seria un gusto poner en nuestro currículum. Sin embargo si ahora soy diputado y lo coloco en mi CV, es probable que ninguna empresa quiera contratarme porque es sinónimo de ser transero, chucho, ladrón, come cuando hay, pajero, coche, maldito.

Estamos cambiando, los inamovibles los están haciendo temblar, nada hay oculto que no llegue a descubrirse; y considero que nada hay ahora que pueda ocultarse al pueblo, Guatemala es un barril de pólvora, que al mínimo chispazo, saldrá a las calles y demostrará su descontento. En resumidas cuentas la política actual está en crisis, porque a los guatemaltecos ya no nos pueden ver la cara. Así que si una vez venimos y vendimos un concepto de lo que no éramos, una verdad que no podía ser demostrada, es seguro que con el tiempo todo caerá por su propio peso; y ojalá no muy lejos tengamos una clase política diferente, con personas que amen el bien común, la justicia e igualdad para todos. Esa tarea nos corresponde a nosotros los ciudadanos de a pie. Mientras me consuelan las palabras de una mujer judía muy importante para la cristiandad: “El señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”.

Cintillo de Opinión

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