Urge sancionar todo acto de corrupción y extirparlo de las costumbres

En estos días el vocablo corrupción ha cobrado interés en la opinión pública; y no es para menos, tomando en consideración que es un tema de actualidad nacional que ha sacudido a las más altas esferas del gobierno, y también porque hemos sido testigos de la forma como algunas instituciones, tal es el caso de la Corte Suprema de Justicia, actúan oficiosamente para desacreditar su práctica, considerando que toda aquella denuncia que constituya razón política o espuria, no merece ser tipificada como delito; así es que feliz el presidente Morales y los diputados del “Pacto de Corruptos” porque las solicitudes de antejuicio en su contra fueron rechazadas en su totalidad.

Pero hoy no me detendré en opinar sobre los organismos del gobierno, por el contrario, me referiré a lo que, en los últimos seis años, ha ocurrido en mi contexto más próximo.

Según un enfoque social y reglamentado, la transgresión a las normas legales y a los principios éticos constituye una de las formas más recurrentes de fomentar la corrupción. Y en un aspecto más profundo, incumplir de manera intencionada las leyes, reglamentos y toda norma que delimite nuestro actuar, con la finalidad de extraer un beneficio personal o para un tercero, en el ejercicio de un cargo público, también constituye un aliciente para los focos de corrupción.

Lamentablemente las instituciones educativas, públicas y privadas, no estamos exentas a estos últimos casos de descomposición social. Y prueba de ello es la forma como a nivel universitario se nos plantea un escenario en donde existe un hilo casi imperceptible que conecta, desde el sometimiento a la compra obligatoria e innecesaria de un mal libro de texto, hasta las prácticas deshonestas que terminan en bares donde las estudiantes, mujeres en su mayoría, son vulneradas en sus derechos a cambio de ganar un curso, sin que hasta la fecha alguna de ellas haya tenido el valor de denunciarlo públicamente.

Pero también las prácticas ilegales han pasado por la elaboración de tesis que incurren en plagio; por cobros de un salario sin la evidencia del trabajo realizado, con la venia de las entidades competentes que no deciden sancionar un despido; por cobros para acelerar procesos de pagos y de compras; por abandono del trabajo sin permiso y sin justificación alguna; por aprovecharse de una representación para obtener 7 horas de contratación, o un negocio para la pareja, o por “simplemente” beneficiarse del cargo para aprobar un examen privado, o alterar notas a conveniencia.

De mi parte yo denuncio ante las instancias correspondientes, apegada a la ley tal cual su sentido y redacción, no de acuerdo a mi llana y conveniente interpretación.”

En la tarea de la administración pública todo efecto tiene una causa, y en los casos ilegales que menciono, las causas que han motivado a los hechores son falta de conciencia social, carencia de compromiso en el cargo que se ostenta, falta de criterio y congruencia entre lo que se piensa, se dice y se hace; pero más que todo eso, lo que les falta a todos quienes, seguramente, se verán identificados entre mis letras, es el respeto a sí mismos, y a una institución que no hace más que proveerles de un salario puntual y de garantizarles sus derechos como trabajadores; y en el caso de los estudiantes, la responsabilidad debería de ser mayor, porque han llegado a un cargo por elección, y por la confianza que sus compañeros han depositado sobre ellos, la cual jamás debieron haber burlado.

Bajo ningún contexto la corrupción se debe normalizar. Yo no veo normal que a nivel de gobierno los actos de corrupción, que generan un impacto negativo en los sectores más vulnerables del país, tengan que minimizarse para proteger las redes de complicidad entre el sector político y el económico. Y por supuesto, tampoco veo normal que a nivel de Universidad y de Escuela, tengamos que aceptar las malas prácticas de aquellos que bajo amenaza de “cuidado con lo que hacés”, intentan callarnos para garantizar su impunidad.

Como mencioné al inicio, urge sancionar todo acto de corrupción y extirparlo de las costumbres, porque esa es la única forma que tenemos para continuar alentando el ánimo colectivo en la lucha frontal contra este flagelo que nos erosiona y nos disuelve todo acto que fomentemos en pro de la institucionalidad.

De mi parte yo denuncio ante las instancias correspondientes, apegada a la ley tal cual su sentido y redacción, no de acuerdo a mi llana y conveniente interpretación. Y tú, ¿cuánto más estás dispuesta(o) a callar?

Cintillo de Opinión

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: