Código, una limitación o falta de voluntad

En ocasiones, damos por sentado que las palabras que utilizamos en un acto comunicativo, son entendidas por nuestros interlocutores cuando explicamos algo relacionado a un tema en específico. Al darnos cuenta que las respuestas obtenidas no son satisfactorias, deducimos que probablemente, no establecimos un código adecuado, en consecuencia, ruidos semánticos.

Este problema de la comunicación, comúnmente conocido como barrera, ha generado problemas sociales, políticos, culturales y hasta religiosos. No cabe duda que el sistema intrínseco del lenguaje permanece por las prácticas convencionales que establecen acuerdos tácitos para su entendimiento mediante la praxis social. Empero, las palabras no nos envían ni la unidad, ni la pluralidad, ni la totalidad, y mucho menos la causa misma de lo que expresan; lo que nos envían son impresiones. ¿Pero qué son estas? Desde el plano filosófico, son meras ideas, en lingüística huellas psíquicas, y más adelante conocidas como significantes, que mediante un proceso que interrelaciona lo fisiológico y físico, cobran su valor fonológico que nos permitirá interactuar. En este sentido, no tenemos en la ciencia física meras ideas, sino lo que las cosas son, por eso argumentamos.

Pero una función argumentativa no puede ser en sí un propio argumento, el resultado de una operación puede convertirse, ciertamente, en su propia base. Es decir, el lenguaje no puede representar lo que en este se refleja, porque existe la posibilidad de la falta de referentes, a pesar de que Peirce lo consideraba como parte del signo. Lo que se dice en el lenguaje no podemos expresarlo a través de este, porque un estado de las palabras es pensable, es decir, logramos hacernos una figura de éste, como diría Wittgenstein “la totalidad de los pensamientos verdaderos es una figura del mundo”, sin embargo, no son estos los que definen la hipercodificación.

En síntesis, la utilización de códigos adecuados para crear una cristalización social, no es el problema principal, sino la falta de competencias lingüísticas de parte de los receptores. Además, no es el cómo del significante de las palabras (signos lingüísticos) lo importante, que es un mero constructo lógico gramatical, sino el qué del significado, es decir, qué tantos de estos últimos comprendemos para relacionarlos con los significantes almacenados en nuestra mente. Un ejemplo podría ser el titular de un periódico, que de pronto llama nuestra atención, pero la falta de conocimiento del significado de algunas palabras que lo complementan, abren paso a la incomprensión y difícilmente sabemos de qué se trata la noticia.

Una solución que se plantea es, generar o fortalecer el hábito de lectura, porque no solo nos permitirá ampliar nuestro léxico gramatical, sino también el conocimiento del mundo. Con mucha razón, Wittgenstein planteó que “Los límites de mi lenguaje, son los límites de mi mundo”.

Cintillo de Opinión

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: