La última baza de los demagogos

En los últimos días, los funcionarios señalados de corrupción han utilizado la justicia selectiva como apología de su oscuro actuar. Desde el presidente Jimmy Morales hasta sus fieles cuentas de Twitter, pasando por alcaldes y exfuncionarios patriotas, piden desesperadamente la investigación de otros gobiernos.

El discurso parece unificarse entre los supuestos corruptos (por aquello de la presunción de inocencia), a quienes no les queda más que decir “cometí delitos, pero no fui solo yo”.

¿Qué discurso quedará cuando el Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) destapen los casos tan cuestionados del Transurbano y Odebrecht? Claro está que se modificaría, como se ha modificado siempre, aprovechándose de la poca memoria de algunos y tirando de demagogia y medias verdades; seguramente convencerían a muchos de luchas ideológicas, de golpes de Estado blandos, de la izquierda y los socialistas.

Sin ir más lejos, esta semana el demagogo por excelencia Álvaro Arzú justificaba, con un discurso falaz, las acciones investigativas del MP y la CICIG. El último gran cacique (apodo utilizado en redes sociales y que está apegado a la realidad) dijo que la comisión de la Organización de las Naciones Unidas tenía presos a cientos de señalados, pero esta institución no tiene tal poder, esas responsabilidades son competencia únicamente de los jueces.

Otro argumento utilizado por el último funcionario señalado de actos de corrupción fue que la mayoría de los mencionados en los informes del MP y la CICIG no están en procesos penales, cuando la realidad es que no se encuentran en juicio por las artimañas y recursos de los abogados defensores, pero están en un proceso penal desde que culminaron la audiencia de primera declaración y el juez decidió que debían enfrentar un proceso penal.

Cada día los discursos y las acciones de los investigados son más fuertes, y nos sumergen en una profunda crisis política que afecta los intereses de todos, la economía se descontrola por la falta certeza de inversiones, los índices de violencia aumentan, el gabinete de Gobierno se fractura, los diputados legislan impunemente, la Corte Suprema de Justicia protege a los corruptores y no existen acciones en pro del país.

Apoyados por ganaderos, evasores de impuestos que procuran la impunidad, diputados, asesores en el Congreso, trabajadores municipales y una que otra decena de acarreados, a quienes prometen comida, transporte y salarios pagados del erario.

Los funcionarios evidencian su continuo deseo de manipulación y convencimiento con el que solamente buscan ganarse el favor popular y perdurar en el poder, ocultando ases bajo la manga y exponiendo poco o nada la siguiente baza a utilizar.

Cintillo de Opinión

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