¿El Estado pagó y garantizó su educación primaria?

Para esta ocasión me referiré a la educación en los centros educativos públicos cuya administración corresponde por ley (artículo 21, Ley de Educación Nacional) al Estado de Guatemala, considerando que es un derecho inherente a la persona humana y que en corto, mediano y largo plazo el sistema educativo representa un futuro similar al actual o transformado en beneficio de la sociedad guatemalteca.

Tomo en consideración uno de los fines de la educación en Guatemala establecidos en la Ley, citada anteriormente; que es “Formar ciudadanos con conciencia crítica de la realidad guatemalteca en función de su proceso histórico para que asumiéndola participen activa y responsablemente en la búsqueda de soluciones económicas, sociales, políticas, humanas y justas”; y que parece estar distante si el rumbo que mantiene la educación actualmente persiste.

Para muestra un botón. Una niña o niño en nivel de estudio primario no duda en indicar que desea ser doctor, bombero, artista, abogado, etcétera. Empero, para quienes rigen, administran y ejecutan las políticas en materia de educación el tema no les interesa.

La educación es muy importante para el desarrollo de Guatemala así se refleja incluso asignando recursos y presupuesto por encima de otras entidades, sin embargo, las falencias en el sistema educativo público perduran como si fuera el factor social más olvidado.

Los útiles escolares y cuadernos llegan con impresiones en sus portadas de rostros y acciones de “políticos” (con el objetivo de favorecer su imagen en campañas electorales). Los libros llegan tarde y no son gratuitos, tampoco la refacción o alimentación escolar, ya que los padres de familia deben aún cancelar una diferencia para obtenerlos o bien proveer, complementar y realizar la refacción escolar con la bolsa de harina y protemás que se distribuyen.

Indignante es que los que politiquean, asuman en sus discursos que se trabaja en el sector educación, se vuelven y consideran héroes nacionales, pero la realidad los evidencia; mientras en una escuela pública no hay recursos mínimos, los altos funcionarios, ostentan sueldos y bonos de primer mundo como si se burlaran de las desdichas de los guatemaltecos.

Una desdicha es que los niños y niñas no tengan acceso a instalaciones seguras, higiénicas, con servicios primarios: luz, agua y materiales básicos como un escritorio en buenas condiciones. La tecnología digital no existe para ellos, en fin, el privilegio mayor será contar con el total de sus cuadernos, libros, suministros y con una buena mochila de estudio; al asombro de sus compañeros que apenas cuentan con una libreta de notas para todos sus apuntes.

Por otro lado, jugar en los establecimientos, sí es lo que más disfrutan los pequeños, pues es un escape al horario de clases que se convierte en un largo periodo de tiempo por solo escuchar y copiar la lección (los profesores carecen de materiales didácticos necesarios para impartir las asignaturas).

A pesar de que se cuente con leyes que regulen educación, alimentación escolar, seguridad y demás, la incidencia de estas es nula, uno de los motivos es: los que legislan y gobiernan siguen siendo los mismos (privilegiados) y que anteponen sus intereses individuales y personales por sobre el desarrollo de la educación pública.

No se sorprenda si escucha decir y mantener como promesas de campaña y estrategias de imagen de figuras “políticas”; el pretexto de que: lo más importante es la educación ya que de esta depende el futuro de Guatemala. Tienen razón; pero lo más seguro es que no son aptos para administrarla en beneficio de la sociedad.

Una solución inmediata no es posible, pero sí se puede iniciar con alzar la voz y opinión, incidir en elecciones generales, ejercer presión social, ya que la disparidad de la educación vulnera nuestro futuro como sociedad.

Lo común es que el “político” (o mejor dicho el que politiquea) en materia de estos temas y otros, se muestre responsable, interesado, empático; pero no olvidemos y permanezcamos vigilantes (recordemos las palabras de Augusto Monterroso) pues conocemos de primera mano que estas personas cambian de color según el clima político o las opiniones políticas que prevalecen en el día o la semana. Usted no tiene que estar de acuerdo, pero ¿Qué propone? ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿Cuáles son las posibles soluciones que visualiza para corregir el problema?

 

Cintillo de Opinión

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