Menores bajo la lupa

Por: Emily Luis

Es indignante que la violencia que soportamos día con día, alcance hasta a los más chicos de nuestras familias.

La violencia sexual infantil es una grave e inhumana situación que sufren a diario los niños y niñas en todo el país.  Es una acción que quebranta la totalidad de sus derechos  y puede ocurrir de diferentes formas: acoso a los menores, pornografía infantil y explotación sexual.

Los centros educativos, los hogares, las instituciones dedicadas al cuidado de menores, las plazas públicas o centros comerciales son los principales lugares  en donde el abuso puede surgir y se han convertido en entidades poco seguras.

Las personas que cometen estos actos infames y de total crueldad buscan estos sitios ya que los niños se sienten cómodos y felices.

Este tipo de violencia no solo daña a los niños en esta etapa, sino repercute a lo largo de su vida. Procreando, trastornos psicológicos, déficit de atención, y problemas para la integración social.

Pero, como ciudadanos nos preguntamos ¿Dónde están los padres?, situándonos en los hogares, la mayoría de  estos hechos ocurren en familias desintegradas, o proviene de un familiar cercano en el cual se confía.

Algo similar ocurre cuando sucede en centros educativos, la mayoría de padres entregan a sus hijos en un periodo de 5 a 7 horas en manos “capacitadas y confiables” no creyendo que un acto de esta naturaleza pueda ocurrir y ese es el grave error.

Otro de los recursos a los cuales recurren los agresores son los medios electrónicos. Las redes sociales no deberían ser utilizadas por menores, pues se han convertido en un medio fácil  ya que  estas personas inescrupulosas se escudan tras perfiles falsos. Si los niños y adolescentes frecuentan estas páginas y aplicaciones debe ser bajo la supervisión de los padres o tutores además estar enterados de las personas con las que comparten información.

Los padres deben desconfiar de todo el mundo. Aunque se vea desequilibrado, pero se trata de la integridad y la seguridad de sus hijos, de personas que no han alcanzado la mayoría de edad, tanto física como mental y dependen de sus progenitores, los cuales los mantendrán a salvo.

Pero no se prevé la gravedad, hasta que los medios de comunicación atiborran nuestras mentes con alguna noticia de trascendencia u ocurre en nuestro círculo social.

Solo en 2016 se registraron 746 casos, según un análisis efectuado por refugio de la niñez,  las autoridades de esa institución aseguran que existe un sub registro porque no todas las victimas denuncian.

En la semana anterior fuimos impactados con dos casos de ésta índole. Uno de ellos sucedido en un conocido centro comercial en la ciudad capital  y otro en un poblado de Jalapa, lo cual nos llama a hacer conciencia que este tipo de abusos pueden ocurrir en cualquier ámbito en el que nos encontremos y no depende de nacionalidades, etnias o clases sociales por lo que siempre tenemos que  mantener a los menores bajo la lupa.

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