Tarde o temprano la depuración llegará

El 14 de julio de 1789, con la toma de la Bastilla inicia el cambio en la sociedad francesa, la Bastilla en ese tiempo era una prisión con pocos prisioneros, sin funcionamiento y sin sentido de existir, de hecho estaba por cerrarse, pero esta edificación representaba la arbitrariedad monárquica, por ello la importancia de este hecho. Mientras tanto, los diputados de la Asamblea Constituyente hicieron caso omiso a la situación.

El 5 de agosto, iniciaron nuevas revueltas de las masas campesinas dominadas por el “Gran Miedo”, esto por el rumor  que la aristocracia iba a tomar venganza del fatídico 14 de julio; el 5 de octubre llegan a Versalles seis mil mujeres parisinas, obligando al rey mover su residencia desde Chateau de Versalles a las Tullerías de París, este logro es importante pues se saca a la monarquía de su aislamiento, obligándola a vivir entre los súbditos, hechos que se sumaron a los movimientos violentos en los suburbios de París.

Sin los movimientos campesinos provocados por el Gran Miedo, la marcha de las mujeres parisinas a Versalles y las revueltas urbanas, “no es posible imaginar la abolición del feudalismo”, dice Antonio García en su libro, Teoría pura de la República. Fue en estos momentos que las masas populares formaron su “sentido de la libertad y de la política”.

A pesar de las revueltas, la Asamblea seguía con la idea de defender a la monarquía, fue en este instante que el pueblo se sintió defraudado y engañado, al final las masas piden y logran cortar la cabeza al rey. Como lo dice García “no fue la toma de la Bastilla, sino esta traición de los diputados a sus representados”, que dio paso a la verdadera revolución.

Este referente histórico sirve para ejemplificar lo que ahora se vive en dos puntos importantes de la Ciudad Capital de Guatemala; primer punto, la prisión donde vive el presidente Jimmy Morales, sus carceleros o asesores lo han tenido raptado, por más de 45 días, no ha querido dar la cara y cuando la da a los medios de comunicación, repite como mal actor el papel que le han encomendado, aferrándose a un poder que no tuvo, y no tendrá.

Segundo punto, tenemos a un congreso que si bien el pueblo lo eligió para legislar por el bien común, no hace caso a los movimientos sociales y sus exigencias,  es oído sordo al grito popular que exige la depuración del congreso y las reformas de fondo a la Ley Electoral y de Partido Políticos.

Las y los diputados no han comprendido la solicitud del soberano, por eso ayer, miembros de la comisión de las reformas, se mofaron sacando un rollo inmenso de papel, ejemplificando las papeletas si se logran los cambios de fondo.

La sinvergüenzada dentro del legislativo tendrá que llegar a su límite, la ciudadanía se ha dado cuenta que se pueden hacer cambios; o existe una autodepuración (muy difícil pensarlo, pero no imposible) que sería la única forma que tienen las y los diputados de lavar sus nombres; o la depuración vendrá de los mismos electores.

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