El silencio de Jimmy

Por: Marvin Sarmientos

El silencio puede ser un fiel amigo o un malvado compañero, todo depende de la lupa con que sea escudriñado. En comunicación por ejemplo, el silencio es un elemento clave en el proceso de transmisión de mensajes, indudablemente está presente en el lenguaje como una forma de expresión.

Pero qué pasa si, por ejemplo, hablamos del silencio del presidente Jimmy Morales ante la actual crisis política que él mismo provocó. Pasaron 46 días para que se pronunciara ante todos los medios de comunicación (antes, sólo lo hizo con los medios del grupo Albavisión, lobos de la misma loma). Sin embargo, en sus declaraciones se dedicó a dar respuestas evasivas ante las preguntas de los reporteros. La ausencia de respuesta también es una forma de silencio.

En el capítulo I, “La paradoja del silencio”, del  libro “La información del silencio” (Grijelmo, A: 2012), nos refiere al contexto donde éste es esencialmente la ausencia del mensaje y tiende a llenarse de significado, como un lienzo donde se pintan los mensajes, el contenido y la información. El silencio informa, pero ¿cuáles serán los temores del presidente?

En muchas columnas y artículos he escuchado el término de cadáver político en alusión a Morales, por su opaca gestión y su terquedad por aliarse al lado de la corrupción y la impunidad. Me pregunto si esa quietud cadavérica corresponde a una de las causas de su silencio.

¿Dónde radica su miedo para guardar silencio? ¿Será también en la resignación?, porque sabe que tarde o temprano terminará en el saco de las manzanas “shucas”; ¿será en la angustia? Porque cada día ve como su frágil gobierno se desmorona cual torre de naipes en medio del huracán. ¿Será que su miedo radica también en la paz? Porque sabe que nunca la tendrá y su nombre pasará a la historia como uno de los presidentes más nefastos del país y la historia lo juzgará. ¿O simplemente será porque puede volver a llorar?

El silencio es como un lienzo donde se pintan los mensajes, el contenido y la información

Pero también puede constituir un miedo a expresarse provocando así la indiferencia, y una forma de menosprecio  según lo indica (Lubienska, 2006: 13). El silencio también puede ser ejercido como protesta. He sabido de algunos casos donde las personas se suturan la boca como una forma de protestar o de hacerse notar.

El silencio es sinónimo de ausencia, por ejemplo, la ausencia de un ser querido, es representado por un minuto de silencio en memoria de aquellos hermanos que se han perpetuado en la inmortalidad. Lo importante es saber el contexto indicado para aplicarlo, sin caer en la indiferencia de la que nos habla Lubienska y sin caer en la irresponsabilidad que desemboque en egoísmo o narcisismo.

Si para usted amigo lector, el silencio es una forma de expresión o de protesta, está bien, lo importante es que sepa utilizar el recurso de la mejor manera, sin caer en el recogimiento y la perturbación de los que hacen ruido o manifiestan a viva voz.

En la actual coyuntura política, donde los guatemaltecos formamos parte activa, como actores de cambio y sobre el escenario anti corrupción que vivimos a flor de piel, es importante que formemos conciencia y llenemos ese vacío, ese silencio, con manifestaciones y propuestas claras sobre lo que esperamos con el futuro de Guatemala.

No caigamos en el mismo juego del presidente, del silencio irreverente, todo por salvaguardar sus intereses y los de sus parientes, a costillas de entregar a Guatemala a los mismos grupos de mafias que por décadas han dejado en zozobra al país.

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