Facebook y la hipercodificación de vivencias

Actualmente en la era virtual, existen grupos sociales que han formulado y estructurado códigos de comunicación con el objeto de tener una relación con la omnisciencia, es decir, aquél conocimiento de todas las cosas reales y posibles que le dan paso a la erudición. De ahí que nos encontramos con concepciones ideológicas para encontrar comunión en el lenguaje cotidiano, porque no se alcanza controlar una cantidad favorable de signos para fortalecerlo.

En este sentido, las relaciones lingüísticas entre prácticas significantes y lenguaje articulado, conducen a la necesidad de utilizar una de las ciencias de la comunicación: la semiología, como un instrumento para interpretar y aprehender los lenguajes que nos parecen extraños o poco favorables a nuestro léxico habitual.

Los estudios semiológicos implican desde tríadas, fenómenos sígnicos, estructuras narrativas hasta retórica de la imagen, entre otras formas de comunicación. Y fue por eso que se dieron a la tarea diferentes semiólogos en Europa y América, de incursionar en un área específica.

Por lo general, solemos dar a conocer nuestra forma de pensar mediante recursos lingüísticos y visuales, utilizando diversos medios de expresión. En la actualidad, Facebook, por ejemplo, es uno de estos porque es catalogado como una de las redes sociales con mayor número de usuarios, y seguramente porque contiene una hipercodificación que se ajusta a las necesidades comunicativas de todos.

Uno de los aspectos que más sobresalen en esta red social, es el hecho de compartir vivencias de diferentes ámbitos sociales; es allí donde los usuarios, tienen la seguridad que alguno de sus contactos, les dará un “me gusta”, o bien algún comentario que abre paso a la retroalimentación, independientemente del código que utilizan, su mensaje es recibido, visto, leído, incluso escuchado. Si bien es cierto el aforismo que plantea Berkeley en cuanto a que “existo yo con mis vivencias; pero allende mis vivencias no existe nada”, pareciera apuntar que, si nos faltaran todas aquellas experiencias personales que dejan nuestra impronta con los que nos relacionamos, no existimos, al menos en lo virtual.

Con cada interacción que se realiza, se va formando y estructurando una historia de vida en un contexto determinado, como se diría en Literatura, un mundo realista. El conocimiento de los códigos y su correcta combinación, hacen que la  interrelación entre usuarios sea exitosa y favorable, por supuesto sin dejar a un lado las cuestiones gramaticales.

Facebook es juez y parte, ya que contiene vivencias, y a la vez estas últimas son publicadas allí. Es por eso que, lo recomendable es utilizar dicho medio de una manera adecuada para sacarle el mayor provecho. Pero es necesario conocerlo, porque todo acto de conocimiento (aunque pareciera redundancia), conoce, en efecto una relación. Es por eso que García (2006) explica que el afán cognoscitivo del hombre no descansa. Y ¿por qué no descansa? Porque no se hallará satisfecho hasta que sus objetivos sean cumplidos.

  1. Mynor Mazariegos 5 octubre, 2017 en 10:31 am

    Interesante perspectiva de este medio social virtual, ante la falta de identificación de su comunicación a través de los signos que reflejan las vivencias y el flujo de información que se comparte. Facebook una herramienta lingüística que se debe conocer para dominar su efecto ante las masas.

    Amena y constructiva columna.

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