Contacto verde con Corazón de Agua

Las ciudades son mundos que se asemejan a bosques de concreto, donde en vez del trinar de aves, se oye el sonido de vehículos que transitan por todos lados y donde furiosos pilotos hacen sonar sus bocinas en medio de embotellamientos, sin obviar las típicas peleas por pasaje; esas urbes son sitios donde en vez de estrellas se observan bombillas encendidas, y donde en vez del olor de flores lo que se inhala es dióxido de carbono.

Por eso es que sitios como el Parque Ecológico Corazón de Agua, que está a 38 kilómetros de la capital, a 12 de Antigua Guatemala, y a 6 del entronque de la Ruta Nacional 10 con la carretera Interamericana CA-1, en el Monumento al Caminero, permite tener un contacto verde con la madre naturaleza.

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Señalizaciòn del lugar. (Fotografía por: Alejandra Quevedo)

“Por años, este destino ha sido una opción de paseo para quienes gustan disfrutar de largas caminatas al aire libre y acampar en la cima de la montaña”, explicó Gregorio Santos, uno de los guardianes del sitio.

La reserva cuenta con nacimientos de agua, árboles de ciprés y pino. Se construyó un vivero, donde se cultivan orquídeas y diversas flores ornamentales, relata Juan José Hernández, trabajador del lugar a un grupo de excursionistas.

En la época lluviosa es maravilloso venir a este lugar. El solo hecho de llegar al lugar es toda una aventura y hazaña. Y no es para menos, debe efectuarse una caminata de por lo menos 45 minutos, y cargando una mochila de suministros para acampar, detalla Celestino y su esposa Eunice, amantes de la ecología, que adoran sentir el frío y el ambiente húmedo que prevalece en esa parte del municipio de Magdalena Milpas Altas, Sacatepéquez, que fue creado en 1585 de Santa María Magdalena de la Real Corona por los conquistadores españoles.

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Paisaje Observable. (Fotografía por: Alejandra Quevedo)

Uno de los propósitos de guías como Rita Mazariegos comenta que es la promoción del turismo comunitario, con la finalidad de darles a conocer la diversidad de productos que se pueden obtener por ejemplo los martes y jueves en el mercado de la localidad, además se puede apreciar la Iglesia católica, que se caracteriza por su campanario, que es una reliquia que data del siglo XVI.

Ante ello, la Cámara de Turismo de Guatemala y el Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat) han unificado esfuerzos con el propósito de ofrecerle a los visitantes locales e internacionales paquetes que sean del interés de los amantes del medioambiente.

Jorge Mario Chajón, titular del Inguat, explicó que Guatemala tiene lugares paradisíacos que son del interés de extranjeros y connacionales, y resaltó la necesidad de promover todas las riquezas que tiene el país.

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Senderos y Juegos. (Fotografía por Alejandra Quevedo)

“A mí me gusta hacer senderismo, y esta reserva supera todo lo que uno pudiera desear. Hay riachuelos, diversidad de especies de flora y fauna. Se respira un ambiente de paz y tranquilidad”, expone Stephany White, originaria de Estados Unidos, al momento de degustar de un plátano, que fue cocinado en las brasas de una fogata, mientras su compañera Rene Brown, afina una guitarra.

En la cima hay columpios y pequeñas cabañas, desde donde se puede ver el lago de Amatitlán, Villa Nueva y la capital, y las estrellas que iluminan el cielo por la noche. Dicho lugar cuenta con un rancho grande que sirve para centro de convenciones, explica Juan José, quien cuenta a los visitantes: “Estamos en el cerro Panul, que significa nacedero de agua en kaqchikel de Magdalena”.

El guardabosques Santiago López dice que su labor es mantener el sitio limpio y dice que en el parque, que está a 2 mil 440 kilómetros sobre el nivel del mar, hay tucanes, y por las noches salen ocelotes, mapaches y uno que otro venado de cola blanca, y hasta asegura que, cuando el paisaje está despejado se puede divisar el mar.

La cuota para la estancia en el parque es de Q5 por persona y Q10 para acampar, para esto último debe informarse a la Municipalidad de Magdalena, que ofrece acompañamiento durante la estancia y el recorrido.

Según explican los guardines del lugar, la reserva tiene unos 17 años de historia, en los cuales se ha luchado para que el sitio fuera declarado un Área Protegida, y así evitar que la riqueza sea depredada.

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Instalaciones y Paisaje (Fotografía por: Alejandra Quevedo)

Uno no quiere irse de este sitio, es una zona paradisíaca, que lo enamora a uno y nos recuerda que tenemos un gran planeta que debe ser cuidado, y que debemos luchar para que los bosques de concreto ya no sigan creciendo a costa de sacrificar este tipo de lugares que nos regaló el Ser Supremo.

Fotografía de portada: Alejandra Quevedo.

Alejandra Quevedo

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